Paraguay tiene startups de IA aunque nadie las conoce
Once años después de que un estudio académico apenas encontrara startups para analizar, en 2025 Paraguay registró 3,9 millones de dólares en inversión de capital de riesgo en startups tecnológicas. Parece poco —Chile capta mil millones al año— pero es un crecimiento del 325% respecto al millón de dólares que se invirtió en toda la década anterior.
Ese mismo año, Paraguay ingresó por primera vez al Global Startup Ecosystem Index, en el puesto 95 del mundo. La clasificación mide la actividad de startups en más de 1.000 ciudades globales. Paraguay nunca había aparecido.
Las startups paraguayas de inteligencia artificial existen. Son pocas, pequeñas, mal financiadas y casi invisibles. No hay un unicornio paraguayo ni una startup local que haya pasado por Y Combinator. Pero hay un movimiento que está creciendo, impulsado por programas públicos, aceleradoras locales y un puñado de emprendedores que están construyendo empresas de tecnología desde Paraguay. Este artículo es un mapa de ese ecosistema.
Quiénes son
Autograph es probablemente la startup paraguaya de inteligencia artificial más avanzada. Fundada por paraguayos, está registrada en Delaware y tiene base en Silicon Valley. Desarrolla tecnología de IA para la industria del entretenimiento y recaudó 2,6 millones de dólares de inversores de Silicon Valley. Es, con diferencia, la startup paraguaya de IA que más inversión ha recibido.
Tesabio.ai trabaja en biotecnología con inteligencia artificial, combinando análisis de datos genómicos con modelos predictivos. Klirk AI, fundada por una emprendedora paraguaya desde Portugal, crea herramientas de inteligencia artificial para automatizar tareas de equipos de ventas. Posibillian Tech, enfocada en videojuegos, recibió una beca Epic MegaGrant de Epic Games, la empresa creadora de Fortnite. 2Chat es una empresa de SaaS que ofrece soluciones de mensajería empresarial.
Son todas distintas, pero comparten un patrón: ninguna habría existido hace diez años. El talento tech paraguayo existía, pero sin inversión local ni programas de apoyo, los fundadores que querían emprender tenían que irse al exterior. Eso está empezando a cambiar.
Las instituciones que están construyendo el ecosistema
La organización más importante del ecosistema es KOGA Impact Lab. Con más de 14 años de actividad, ha apoyado a más de 200 startups y capacitado a más de 10.000 emprendedores en tecnología. KOGA funciona como aceleradora, espacio de coworking y comunidad. No hay ningún otro actor en Paraguay que haya formado a tantos fundadores tech. KOGA funciona como el punto de encuentro de un ecosistema que todavía no tiene masa crítica para sostenerse sin apoyo institucional.
El gobierno, a través del MITIC, lanzó InnovandoPY, un programa de capital semilla no reembolsable para startups tecnológicas. En 2025 entregó 140.000 dólares a siete startups seleccionadas. No es mucho dinero —una ronda seed en Silicon Valley promedia 2 millones de dólares— pero en Paraguay, donde el salario promedio de un desarrollador es de 600 a 1.100 dólares mensuales, 20.000 dólares pueden mantener a un equipo fundador durante un año.
CONACYT, el consejo nacional de ciencia y tecnología, financia proyectos de innovación a través de su programa PROINNOVA, con unos 3 a 5 millones de dólares anuales en subsidios. Penguin Academy, fundada por uno de los primeros emprendedores tech del país, ha graduado a más de 3.500 personas en sus bootcamps de programación. La educación tech en Paraguay que el sistema formal no provee, Penguin Academy y programas similares la están cubriendo desde la iniciativa privada.
Parcapy, la asociación de capital de riesgo de Paraguay, pasó de tener un fondo registrado en 2015 a siete en 2024. El 55% del capital que invierte en startups paraguayas proviene de Estados Unidos —lo que significa que inversionistas internacionales están empezando a mirar a Paraguay.
Lo que falta
Todo lo que no existe en el ecosistema startup paraguayo dice tanto como lo que sí existe. No hay un ecosistema de capital de riesgo institucional con sede en Paraguay que pueda financiar startups en etapas avanzadas. No hay una ley de startups que defina incentivos fiscales específicos para empresas tecnológicas emergentes. No hay un solo fundador paraguayo que haya pasado por Y Combinator, la aceleradora más prestigiosa del mundo, por la que pasaron Stripe, Airbnb y Dropbox.
Las rondas de inversión típicas para una startup paraguaya son de 20.000 a 100.000 dólares en etapa pre-seed, generalmente a través de subsidios del CONACYT o del MITIC. Las rondas seed de 100.000 a 1 millón ya son raras y requieren inversores internacionales. Las Series A —un millón de dólares o más— son casi inexistentes. Comparado con Uruguay, que tiene dLocal (valorada en más de 3.000 millones de dólares y cotizando en Nasdaq), Paraguay no tiene ni un solo unicornio, ni una sola salida a bolsa, ni una sola adquisición significativa.
El mercado local es demasiado pequeño —7,5 millones de personas— para sostener startups de software como servicio (SaaS) que necesiten escalar sin salir del país. La barrera de la fuga de cerebros es igualmente crítica: los desarrolladores e ingenieros paraguayos con talento se van a trabajar al exterior o aceptan salarios en dólares de empresas extranjeras desde sus casas, lo que hace que contratar para una startup local sea prohibitivo.
Lecciones desde afuera
Los países que construyeron ecosistemas startups desde una base similar a la de Paraguay siguieron caminos que Paraguay podría replicar. Uruguay no tenía un ecosistema tech hace 15 años, y hoy tiene dLocal. ¿Qué cambió? Una combinación de inversión en educación digital, programas de formación masiva como Jóvenes a Programar, y la creación de condiciones fiscales atractivas para que el talento se quede y las empresas inviertan.
Costa Rica demostró que una sola empresa ancla —Intel, en su caso— puede catalizar un ecosistema entero, formando ingenieros que después fundan sus propias startups. Estonia mostró que un país pequeño y sin recursos naturales puede convertirse en un hub tecnológico global si el gobierno crea las condiciones regulatorias adecuadas.
Paraguay tiene ventajas que ninguno de esos países tenía cuando empezaron. Sus impuestos corporativos del 10% son de los más bajos del hemisferio, mientras que Chile cobra 27% y Uruguay 25%, uno de los más bajos del hemisferio; la energía más barata de Sudamérica, ideal para startups que trabajan con infraestructura intensiva en cómputo como la inteligencia artificial; y una regulación fintech que el Banco Central está desarrollando activamente, como vimos al analizar el ecosistema fintech del país.
Lo que falta no es talento. Es capital inicial, una cultura de riesgo que acepte el fracaso como parte del proceso, y conexiones con los mercados globales. Paraguay está formando a los ingenieros. Está desarrollando la infraestructura —desde los data centers hasta la conectividad—. Pero las startups no crecen solo con energía barata y buenos programadores. Crecen con dinero que apueste a ideas que pueden fracasar, y con fundadores que tengan acceso a redes globales de inversión y mentoría. Esas dos cosas son las que todavía no existen. El interés de fondos internacionales existe, pero el puente entre ese interés global y los fundadores locales sigue siendo débil. Construirlo requiere inversión, tiempo y una comunidad que todavía se está formando paso a paso, con más preguntas que respuestas sobre su futuro.
Este artículo es parte de la guía completa de inteligencia artificial en Paraguay, que reúne todos los análisis del cluster sobre tecnología, startups y ecosistema emprendedor.