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Red electrica de Paraguay: el cuello de botella de la IA global

Paraguay genera mucha más electricidad de la que consume. Esa frase se repite en cada artículo sobre energía en el país, en cada discurso oficial, en cada promesa de inversión. Es cierta. Pero omite un detalle fundamental: tener energía disponible no es lo mismo que tenerla donde se necesita, cuando se necesita, con la infraestructura para transportarla. Paraguay genera aproximadamente 8.250 megavatios entre su cuota de Itaipú, Yacyretá y Acaray, pero su red de transmisión de 500 kV —la columna vertebral que necesita cualquier país para mover grandes volúmenes de electricidad— se puede contar en kilómetros.

Ese desajuste entre generación y transmisión es, hoy por hoy, el principal obstáculo para que Paraguay se convierta en el hub de inteligencia artificial que promete ser. Y la ventana para resolverlo se está cerrando: 2027 es el año en que vencen los contratos de criptominería, se renegocia el Anexo C de Itaipú y entra en operación la primera fase de Yguazú Digital. Tres fechas que convergen en un mismo punto, que es también donde la red eléctrica paraguaya muestra sus límites.

La paradoja de la abundancia: sobra generación, falta transmisión

Paraguay tiene 7.000 kilómetros de líneas de transmisión en 500 kV, 220 kV y 66 kV. Para un país del tamaño de Francia, es poco. La única línea de 500 kV que existe —el doble circuito Yguazú–Valenzuela, de aproximadamente 50 kilómetros— conecta la subestación Margen Derecha de Itaipú con el sistema central. No hay un anillo de 500 kV que recorra el país. No hay una línea troncal que pueda transportar energía desde Itaipú hasta el Chaco o el sur del país sin pasar por múltiples transformaciones y cuellos de botella.

La subestación Emboscada, una obra de 140 millones de dólares que conectará el sistema de 500 kV con la red de 220 kV del área metropolitana de Asunción, está recién en etapa de licitación. La subestación Alto Paraná, que beneficiará a 300.000 usuarios en Ciudad del Este, costó 26 millones y recién se está construyendo. La línea María Auxiliadora, 90 kilómetros de 220 kV, beneficia a 80.000 personas en el sur. Son avances importantes, pero fragmentarios.

El presidente de la ANDE, Félix Sosa, reportó en junio de 2026 que la toma de energía de la ANDE desde Itaipú alcanzó los 2.170 GWh en ese mes, un aumento del 13,2% interanual. Eso significa que el consumo está creciendo más rápido de lo que la infraestructura se expande.

Mientras tanto, el costo medio de generación del mix paraguayo (Itaipú + Yacyretá + Acaray) es de aproximadamente 28 dólares por megavatio-hora, uno de los más bajos del mundo. Pero ese costo subirá: la ANDE proyecta que alcance los 50 dólares para 2043 a medida que se incorporen fuentes más caras.

La tormenta perfecta de 2027: data centers, criptominería y Anexo C

La renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú arrastra demoras desde 2023. El acuerdo vigente fijó la tarifa en 19,28 dólares por kilovatio-mes para 2024, 2025 y 2026. A partir del 1 de enero de 2027, si no hay un nuevo acuerdo, la tarifa que Brasil paga por el excedente de energía paraguayo caería aproximadamente un 60%, al costo puro de operación. Paraguay perdería unos 1.250 millones de dólares anuales en royalties, compensaciones y gastos sociales —aproximadamente el 12% de toda la recaudación estatal.

El presidente Santiago Peña ha dicho que prefiere “un buen acuerdo sobre un acuerdo rápido”. El ministro Giménez reportó un 80% de avance en las negociaciones, pero el escándalo ABIN de abril de 2025 —cuando se reveló que la agencia de inteligencia brasileña espió a funcionarios paraguayos durante las negociaciones— suspendió las conversaciones y envenenó el clima.

En paralelo, Yguazú Digital proyecta un consumo que empieza en 10 megavatios en su fase 1 (finales de 2027) y aspira a 1.000 megavatios en su fase 3. La criptominería ya consume alrededor de 700 megavatios en operaciones legales, con proyecciones de alcanzar 1.000. Si a eso se suma el crecimiento vegetativo de la demanda del 4% al 5% anual, el superávit disponible —hoy estimado en 4.000 a 5.000 megavatios— podría reducirse a la mitad para 2030.

El problema no es si Paraguay tiene suficiente energía generada para todo eso. El problema es si tiene la red para transportarla. En 2024, una sequía histórica redujo la generación de Itaipú en un 20%. Paraguay depende al 100% de la hidroelectricidad. No tiene respaldo de gas, carbón ni nuclear. Cuando el río Paraná baja, todo el sistema se resiente.

ANDE contra las cuerdas: una empresa que necesita invertir pero no puede

El caso Atome es el mejor resumen de la situación financiera de la ANDE. Atome Energy, una empresa británica, quiere instalar una planta de fertilizantes que consumiría 145 megavatios en Villeta. Pidió una tarifa preferencial de 30 dólares por megavatio-hora. La ANDE se negó porque su propio costo técnico de generación —según cálculos internos citados en la negociación— es de aproximadamente 44 dólares. Venderle a 30 dólares significaría perder plata en cada megavatio.

Atome representa con cifras redondas una inversión de 665 millones de dólares. Y la ANDE no pudo aceptar su oferta porque, a la tarifa que el inversor estaba dispuesto a pagar, la empresa eléctrica estatal pierde dinero. Eso es todo lo que hay que saber sobre la salud financiera de la ANDE.

La apertura del sector eléctrico al capital privado, habilitada por la Ley 7599 y el Decreto 6034, debería aliviar esta presión al permitir que nuevos generadores privados inyecten energía a la red. Pero la ley es de mayo de 2026 —apenas tiene dos meses— y su implementación práctica está en una fase embrionaria. Los contratos de compra de energía a largo plazo (PPA) que necesitan los grandes consumidores todavía no existen como mercado.

La ANDE financia sus inversiones de capital con préstamos multilaterales: el BID, el Banco Europeo de Inversiones y la agencia de cooperación taiwanesa ICDF. Los montos son conocidos pero insuficientes: 140 millones para la subestación Emboscada, 99,75 millones para la línea de 500 kV Yguazú–Valenzuela, 56 millones en contratos de 220 kV. Para construir la red que Paraguay necesita —un verdadero anillo de 500 kV— se requieren varios miles de millones. Y la ANDE no puede generarlos internamente porque las tarifas eléctricas en Paraguay son, ante todo, una decisión política.

Lo que otros países aprendieron: Irlanda, Virginia y el espejo incómodo

Irlanda es la advertencia más clara. Los centros de datos llegaron a consumir el 21% de toda la electricidad del país. En 2022, la red irlandesa —operada por EirGrid— declaró una moratoria para nuevas conexiones de data centers en el área de Dublín. El sistema simplemente no podía absorber más carga sin inversiones masivas en transmisión que llevarían años. La moratoria sigue vigente.

El norte de Virginia, el mercado de centros de datos más grande del mundo, muestra el otro extremo: Dominion Energy invirtió miles de millones durante décadas para construir la infraestructura que hoy alberga más de 300 data centers. Esa capacidad no se construyó en dos años. Se construyó durante veinte, con un marco regulatorio estable, tarifas predecibles y una empresa eléctrica con capacidad financiera real.

Para Paraguay, la experiencia irlandesa es la más relevante porque comparte una característica estructural: una empresa eléctrica estatal con recursos limitados y una demanda industrial que crece más rápido que la red. Si Yguazú Digital llega a su fase 2 (100 megavatios) antes de que el anillo de 500 kV esté operativo, Paraguay podría enfrentar el mismo dilema que Irlanda: decirle a un inversor que la energía está disponible, pero la conexión no.

La construcción de una línea de 500 kV —desde la planificación hasta la operación— toma entre 7 y 10 años en condiciones normales. Paraguay recién está empezando la primera.


Paraguay no tiene un problema de oferta de energía. Tiene un problema de infraestructura eléctrica, de capacidad de inversión y de tiempo. El país genera suficiente electricidad para abastecer a Yguazú Digital, a la criptominería y al crecimiento normal de la demanda durante al menos una década. Pero no tiene la red para mover esa electricidad desde las represas del este hasta los centros de consumo del sur y del área metropolitana, y no tiene el dinero para construirla sin financiamiento externo.

El horizonte de 2027 concentra tres procesos que van a definir si Paraguay logra superar este cuello de botella: la renegociación de Itaipú, la entrada en operación de Yguazú Digital y el vencimiento de los contratos de criptominería. Si los tres se resuelven en direcciones compatibles, el país tiene una oportunidad real de convertirse en un hub regional de inteligencia artificial. Si no, el riesgo no es quedarse sin energía —Paraguay nunca se va a quedar sin energía— sino quedarse sin la capacidad de usarla para lo que prometió.

Este artículo es parte de la guía completa de inteligencia artificial en Paraguay, que reúne todos los análisis del cluster.

Fuentes