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Paraguay necesita mas ingenieros para sostener su hub de IA

En noviembre de 2027, cuando abra la primera fase de Yguazú Digital, Paraguay va a necesitar técnicos en refrigeración líquida para servidores de inteligencia artificial, ingenieros eléctricos especializados en subestaciones de alta tensión y administradores de redes de fibra óptica para clústeres de GPUs. El país produce, por año, entre cuatrocientos y seiscientos graduados en informática y ciencias de la computación. La distancia entre lo que Paraguay necesita y lo que su sistema educativo produce no es una brecha: es un abismo.

400 ingenieros por año para un proyecto de 40.000 millones de dólares

Paraguay tiene cincuenta y cinco universidades —nueve públicas y cuarenta y seis privadas— que en conjunto producen aproximadamente veintiséis mil graduados por año en todas las disciplinas. De esos, entre cuatrocientos y seiscientos son en informática o carreras afines, según estimaciones del sector privado que ningún censo oficial respalda. Las otras ingenierías relevantes —eléctrica, electrónica, telecomunicaciones— suman cifras similares.

Para ponerlo en perspectiva, Yguazú Digital aspira a consumir 1.000 megavatios en su fase final, con una inversión total aspiracional de 40.000 millones de dólares. Un centro de datos de esa escala requiere técnicos en refrigeración líquida para servidores de alta densidad, ingenieros de redes para clústeres de cómputo con GPUs, especialistas en ciberseguridad para infraestructura crítica y administradores de sistemas de alimentación ininterrumpida. Paraguay produce muy pocos profesionales en cada una de esas áreas.

La asociación de la industria tecnológica estima que hay entre 3.000 y 8.000 desarrolladores de software en todo el país. No existe un censo oficial. El Instituto de Previsión Social, que registra empleos formales, no tiene una categoría separada para trabajador tecnológico. El sector es en buena medida informal, freelance o registrado bajo categorías genéricas. Uruguay, con una población similar, tiene aproximadamente quince mil a veinte mil desarrolladores. Chile, con el triple de la población, más de setenta mil.

55 universidades, un solo ranking

Paraguay invierte el 4.3% de su PIB en educación, el porcentaje más bajo de Sudamérica y muy por debajo del promedio regional. La Constitución paraguaya fija un mandato del 7% del PIB para educación, que el gobierno no cumple. Los resultados de esa brecha se reflejan en las pruebas PISA 2022, donde Paraguay obtuvo 366 puntos en matemáticas y 370 en lectura, los puntajes más bajos de la región.

De las cincuenta y cinco universidades, muchas son pequeñas instituciones privadas de calidad inconsistente que ofrecen carreras de baja demanda. La Universidad Nacional de Asunción es la única paraguaya que aparece en rankings internacionales con regularidad, en el puesto 3.583 del ranking mundial Webometrics. La cantidad de universidades no se traduce en diversidad de oferta ni en calidad educativa.

La Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay, creada como parte de la cooperación bilateral con Taiwán, es una excepción. Tiene cuatro departamentos de ingeniería y ha graduado a más de 300 estudiantes hasta 2026. Taiwán anunció en junio de 2026 una expansión de becas y cooperación educativa, pero los detalles concretos no se conocen. Trescientos graduados en varios años no alcanzan para las necesidades de un hub de inteligencia artificial.

El ecosisitema de anotación de datos para IA requiere habilidades que el sistema educativo formal no proporciona: dominio del inglés, comprensión lectora avanzada y criterio para clasificar información sensible. Paraguay está lejos de tener la masa crítica de profesionales que necesita para sostener la transformación de su matriz exportadora hacia sectores tecnológicos.

Lo que otros países hacen y Paraguay no

Uruguay puso en marcha el Plan Ceibal en 2007, que entregó una computadora por niño en edad escolar. El hardware solo no bastó: el programa se complementó con Jóvenes a Programar, un curso intensivo de programación que en seis ediciones colocó a más de 4.000 graduados en el mercado laboral tech, muchos sin título universitario. Uruguay tiene hoy la mayor densidad de desarrolladores per cápita de Sudamérica.

Chile lanzó Talento Digital, un programa de formación intensiva en habilidades tech que ha graduado a más de 15.000 personas. Colombia creó Misión TIC, con el objetivo de formar 100.000 programadores en todo el país. Costa Rica integró su modelo de zonas francas tecnológicas con la educación técnica gracias al Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), que gradúa más de 1.000 ingenieros por año y alimenta directamente el ecosistema de empresas tech del país. Brasil tiene el SENAI, un sistema de formación técnica con 744 unidades que atiende a 2.8 millones de estudiantes por año, financiado por un impuesto a la nómina empresarial.

Paraguay no tiene ningún programa equivalente a escala nacional. Existen iniciativas aisladas —InnovandoPY, que va por su novena edición, y algunos bootcamps privados como Penguin Academy— pero ninguna alcanza las dimensiones necesarias. El BID financia la Agenda Digital de Paraguay con 130 millones de dólares, que incluye componentes de formación, pero el programa es amplio y sus resultados en educación tech específica aún no son visibles. La Cámara Paraguaya de Fintech y la Asociación de Empresas de Tecnología han señalado en múltiples ocasiones que la falta de talento calificado es el principal obstáculo para el crecimiento del sector, por encima del acceso al capital o la infraestructura.

La fuga de cerebros en números

El programa Becal —Becas Carlos Antonio López— ha otorgado 3.787 becas para estudios de posgrado en el exterior. De esos becarios, 2.682 han regresado al país, una tasa de retorno del 71%. El 29% restante —aproximadamente 1.105 personas— no volvió. Para la migración tech no patrocinada por el Estado, que incluye a profesionales que se van por su cuenta a Estados Unidos, Argentina, España o Alemania, la tasa de retorno es presumiblemente más baja, aunque no hay datos público que lo confirmen.

En 2022, el censo paraguayo reveló una población un millón de personas menor a la proyectada, con la emigración como factor principal, según reportó The Economist en octubre de 2023. No existe un estudio específico sobre la fuga de cerebros tech en Paraguay, pero los datos disponibles de Becal y del censo sugieren que el patrón existe y que el sector tecnológico no es una excepción.

Un desarrollador paraguayo con experiencia puede ganar entre 2.000 y 3.500 dólares mensuales trabajando para una empresa local, o más trabajando de forma remota para una empresa extranjera. El trabajo remoto es, al mismo tiempo, la mayor oportunidad y el mayor riesgo para la retención de talento tech en Paraguay: permite que los profesionales adquieran experiencia internacional sin emigrar, pero también desconecta sus ingresos y su carrera del desarrollo del ecosistema local.


Paraguay no tiene un problema de inteligencia artificial. Tiene un problema de recursos humanos. El país decidió apostar a la industria tecnológica más intensiva en talento especializado del mundo sin tener el sistema educativo para producirlo a la escala necesaria. La buena noticia es que el talento tech no se descubre, se forma. Los países que lo han hecho —Uruguay, Costa Rica, Chile— empezaron desde atrás y tardaron entre una década y una generación en ver resultados. Paraguay todavía está a tiempo, pero el reloj corre desde noviembre de 2027, cuando Yguazú Digital abra sus puertas y haya que encontrar a las personas que van a operarlo. Sin ingenieros, sin técnicos, sin programadores, sin gente capacitada, la energía más barata de Sudamérica y los chips más avanzados del mundo no sirven de nada.

Este artículo es parte de la guía completa de inteligencia artificial en Paraguay, que reúne todos los análisis del cluster sobre tecnología y sociedad.

Fuentes

CS

Cesar Sanchez

Analista de inteligencia artificial desde Paraguay. Consultor en automatizacion con IA generativa, anotacion de datos y desarrollo de soluciones basadas en IA. Creador de muchotexto.net.