Paraguay pierde el talento que necesita para ser hub de IA
Entre 30.000 y 50.000 profesionales paraguayos viven en el exterior. Remiten entre 2.000 y 3.000 millones de dólares al año, el equivalente al 5% o 7% del PIB. No existe un censo que diga cuántos de ellos son ingenieros, desarrolladores o científicos de datos. El país está construyendo una industria de inteligencia artificial que necesita a esas personas sin saber cuántas perdió.
Como analizamos en el artículo sobre educación tecnológica en Paraguay, el sistema produce apenas 400 a 600 graduados en informática por año. El 29% de los becarios de Becal no regresó al país. Pero el problema no es solo de oferta educativa. Es también de retención: los pocos profesionales que se forman se van, y los incentivos para que vuelvan no existen.
Adónde se fueron y por qué no vuelven
Paraguay no tiene un programa de retorno para profesionales tecnológicos. No tiene una red organizada de su diáspora tech. No tiene incentivos fiscales para que un ingeniero que hizo su posgrado en Estados Unidos o España considere volver. Chile tiene ChileGlobal, una red que conecta a profesionales chilenos en el exterior con oportunidades en el país. Argentina tiene RAICES, un programa de repatriación de científicos. Uruguay tiene una diáspora activa que invierte en startups locales. Paraguay no tiene nada parecido.
El programa Becal financia estudios de posgrado —3.787 becarios, 2.682 regresaron— pero no tiene un componente específico de retorno para carreras tecnológicas. Un becario que estudió inteligencia artificial en Alemania recibe el mismo tratamiento que uno que estudió literatura francesa. El dato de cuántos becarios tech volvieron existe en la base de datos del programa pero no se publica.
La paradoja es que los profesionales que se fueron no están inactivos. Remiten miles de millones de dólares al año a sus familias. Algunos invierten en propiedades o pequeños negocios en Paraguay. Hay comunidades de paraguayos en tecnología en Silicon Valley, Madrid, Buenos Aires y São Paulo que se conocen entre ellos pero no tienen un canal institucional que los conecte con las oportunidades que están surgiendo en su país de origen. El capital humano y financiero existe. Lo que no existe es el puente.
El trabajo remoto como espejismo
El trabajo remoto cambió la ecuación. Un desarrollador en Asunción ya no necesita emigrar para ganar un salario internacional: puede trabajar para una empresa en San Francisco, Londres o São Paulo desde su casa. En un relevamiento informal de ofertas de desarrollo en LinkedIn para Paraguay, la mayoría de las posiciones publicadas son de empresas extranjeras que contratan en remoto.
Esto es, al mismo tiempo, una oportunidad y un problema. Por un lado, el talento se queda en el país. Los salarios en dólares dinamizan la economía local. Los profesionales adquieren experiencia internacional sin tener que irse. Por otro lado, las empresas que construyen el ecosistema local —las que desarrollan software para el gobierno, las que entrenan a la siguiente generación, las que contratan para proyectos de infraestructura nacional— compiten por el mismo pool de talento contra empresas que pagan en dólares y no tienen oficina en Paraguay.
El resultado es una forma silenciosa de fuga de cerebros: el profesional está físicamente en Asunción pero su carrera, su red de contactos y su desarrollo profesional ocurren enteramente en el exterior. No contribuye al ecosistema local más allá del consumo. No forma a la siguiente camada. No construye las empresas paraguayas que el país necesita para tener un sector tech autónomo. Y si el día de mañana recibe una oferta de relocalización con una visa de trabajo, tiene pocas razones para rechazarla.
Tres data centers, una misma competencia por talento
Mientras tanto, la demanda de profesionales crece. No es solo Yguazú Digital: HIVE Digital está expandiendo su capacidad de cómputo en Paraguay de 300 a 400 megavatios para minería de criptoactivos. Pardat Holding proyecta un centro de datos de 100 megavatios en Yguazú que generaría 700 empleos directos e indirectos. X8Cloud inició obras en el segundo trimestre de 2026 con una capacidad inicial de 50 megavatios.
Cada uno de estos proyectos necesita técnicos, ingenieros y administradores que compiten por el mismo pool limitado de profesionales. La demanda es acumulativa, no secuencial. Y se suma a la demanda de las empresas de servicios de TI que ya operan en el país —Applaudo, BairesDev, Kraken— y que también buscan los mismos perfiles. El mercado laboral tech paraguayo no está creciendo por capas que se complementan: todos los empleadores están pescando en la misma pecera, y la pecera es chica. Y cuando la demanda supera a la oferta en un mercado pequeño, el resultado no es que se forman más profesionales —eso lleva años— sino que los salarios suben para los pocos que hay y los proyectos se frenan para los que no pueden pagarlos.
Según estimaciones de la industria de centros de datos, se necesitan entre 0.3 y 2 empleados a tiempo completo por megavatio. En el rango bajo, Yguazú Digital fase 1 (10 MW) podría operar con 3 a 20 personas. En el rango alto —donde está Paraguay por falta de automatización y experiencia previa— la demanda se multiplica. La fase 3 (1.000 MW) necesitaría entre 300 y 2.000 trabajadores. Sumando los otros proyectos, la cifra crece.
Lo que se puede hacer
Los países que enfrentaron este problema encontraron soluciones distintas a la misma ecuación. Costa Rica, cuando Intel llegó en 1997, no solo abrió las puertas: negoció que la empresa invirtiera en formación local, que el Instituto Tecnológico ajustara sus currículos a las necesidades de la industria y que se creara un pipeline de talento que después alimentaría a todo el sector de dispositivos médicos del país. Uruguay complementó su Plan Ceibal con programas de inserción laboral directa. Estonia entendió que en un país de 1.3 millones de habitantes, cada profesional que se va es una pérdida proporcionalmente enorme, y construyó un ecosistema digital que hace que quedarse sea más atractivo que irse.
Paraguay tiene instrumentos que no está usando. El régimen de maquila tecnológica —que grava los servicios exportados al 1%— podría condicionarse a que las empresas inviertan un porcentaje en formación de talento local, como hizo Costa Rica con Intel. Las becas de posgrado podrían incluir cláusulas de retorno específicas para carreras tecnológicas, con incentivos concretos: exenciones impositivas por tres años, financiamiento para emprendimientos, prioridad en concursos públicos. La diáspora —30.000 a 50.000 profesionales que ya conocen los mercados internacionales, hablan idiomas y tienen redes de contacto— podría organizarse en una red formal que canalice inversión, mentoría y conexiones comerciales hacia Paraguay. Ningún país resolvió su brecha de talento sin involucrar a los que ya se fueron.
Nada de esto existe hoy. Paraguay está construyendo la infraestructura de la inteligencia artificial sin construir el ecosistema humano que la sostenga. Los centros de datos se diseñan, se financian y se construyen con cronogramas que se miden en meses y presupuestos que se miden en millones de dólares. Las personas se forman, se retienen o se pierden en procesos que se miden en años. De las tres, Paraguay solo está haciendo la primera. La pregunta no es si el país tiene suficientes ingenieros —la respuesta es no— sino si va a hacer algo para que los que se fueron quieran volver, para que los que están no se vayan, y para que los que lleguen encuentren razones para quedarse. Hasta ahora, la respuesta a las tres es la misma.
Este artículo es parte de la guía completa de inteligencia artificial en Paraguay. Leé también el análisis complementario sobre educación tecnológica en Paraguay.
Fuentes
- Becal Paraguay — Estadísticas de becarios (3.787 becarios, 2.682 retornados)
- Forbes Paraguay — “La carrera energía: criptominería, data centers, nuevas industrias miran Paraguay” (15 marzo 2026)
- TEDIC — “Todo lo que tenés que saber sobre la criptominería en Paraguay” (6 noviembre 2024)
- Wikipedia — Tiigrihüpe