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Paraguay tiene más fintechs que bancos y recién empieza

En junio de 2025, el sistema de pagos instantáneos de Paraguay registró 28 millones de transacciones en un solo mes y 13,9 millones de pagos con código QR. En todo 2024, el sistema movió 82 billones de guaraníes, el equivalente a 10.600 millones de dólares. El 70% de las transacciones en el país siguen siendo en efectivo.

Paraguay tiene aproximadamente quince bancos comerciales formales y más de cien empresas fintech registradas o en operación. La Cámara Paraguaya de Fintech, fundada en 2019, ya reúne a más de 120 miembros. El ecosistema crece a más del 40% anual, impulsado por dos leyes aprobadas en 2025 y una oportunidad demográfica que pocos países de la región tienen: casi la mitad de los adultos paraguayos no tiene acceso al sistema financiero formal.

Este artículo es un mapa del ecosistema fintech paraguayo: qué es, quiénes son los actores, cómo se regula y por qué Paraguay tiene condiciones para convertirse en un laboratorio financiero regional.

Cien empresas en busca de cuarenta y cinco millones de clientes

Paraguay tiene aproximadamente 7,5 millones de habitantes. De los adultos, el 60,9% tiene al menos una cuenta en una institución financiera formal, según los datos más recientes del Banco Mundial (Findex 2024). Esto significa que aproximadamente 1,8 millones de adultos paraguayos están completamente fuera del sistema bancario.

El ratio es bajo incluso para los estándares latinoamericanos. Brasil tiene un 86% de inclusión financiera. Chile un 85%. Argentina un 82%. Uruguay un 74%. Paraguay supera apenas a Perú (59%) y Colombia (57%). Pero hay un dato que cambia la lectura: en 2011, solo el 21,7% de los paraguayos tenía cuenta bancaria. En trece años, la bancarización se triplicó. La velocidad de cambio sugiere que el mercado no está estancado: está en plena transformación.

Las fintechs paraguayas se concentran en pagos digitales, que es el vertical más desarrollado. Bancard es el procesador dominante, con su red de POS, código QR, vPOS y Tokefon para cobros con tarjeta. Ueno Bank, que empezó como fintech y hoy tiene licencia bancaria, emitió aproximadamente la mitad de todas las tarjetas de crédito del país. Tigo Money y Personal Pay compiten en el segmento de billeteras móviles. Wally, Goiko y EKO operan en pagos y préstamos digitales.

La tokenización de activos agropecuarios es un vertical emergente que conecta el mundo fintech con el sector productivo más importante del país. La Ley 7572/2025, que reconoce los instrumentos emitidos en blockchain, abrió una puerta que las fintechs locales están empezando a explorar.

Las dos leyes que cambiaron las reglas

El ecosistema fintech paraguayo cambió de velocidad en 2025 con dos leyes que, juntas, reformaron el mapa regulatorio.

La primera fue la Ley 7503/2025, que creó el Sistema Nacional de Pagos. La ley expandió la supervisión del Banco Central del Paraguay (BCP), que hasta entonces solo supervisaba bancos y entidades financieras tradicionales, a todos los actores del ecosistema de pagos, incluyendo fintechs que hasta entonces operaban sin regulación específica. También obligó a la interoperabilidad entre sistemas: las billeteras digitales, los bancos y los procesadores deben poder comunicarse entre sí. En la práctica, esto permitió que un usuario de Tigo Money pueda enviar dinero a un usuario de Personal Pay sin pasar por un banco tradicional.

La segunda fue la Ley 7572/2025, que reformó el mercado de valores. Su artículo 73 reconoce los valores emitidos mediante tecnología de registro distribuido (blockchain). Esto habilitó la tokenización de activos —desde deuda corporativa hasta granos y ganado— como instrumentos financieros sujetos a supervisión de la Superintendencia de Valores.

Antes de estas leyes, el sector fintech en Paraguay operaba en un vacío regulatorio parcial. Las empresas de pagos digitales funcionaban sin un marco claro de licenciamiento. Los proveedores de servicios de crédito digital operaban sin supervisión del BCP y los límites entre lo que era una billetera, un procesador y un banco eran difusos. Los préstamos entre particulares (crowdlending) se movían en una zona gris. La falta de regulación permitía innovar rápido, pero también limitaba el crecimiento: sin reglas claras, los inversores institucionales no entran y los bancos internacionales no se integran.

Las cooperativas, el banco invisible

Hay un actor que cualquier análisis del sistema financiero paraguayo que ignore, está incompleto. Las cooperativas de ahorro y crédito —reguladas por el INCOOP— son, para millones de paraguayos en zonas rurales y periurbanas, el único acceso al sistema financiero. No tienen una app moderna. No ofrecen pagos por QR. Pero prestan dinero donde los bancos no llegan.

Las cooperativas son particularmente importantes en el financiamiento agrícola, que alimenta directamente al complejo sojero y ganadero. En un país donde la economía está dominada por el sector agroexportador, el crédito cooperativo es el colchón que permite a pequeños y medianos productores acceder a capital de trabajo. La tecnología financiera está empezando a conectar con este mundo: algunas fintechs están desarrollando APIs para que las cooperativas ofrezcan pagos digitales sin tener que construir su propia infraestructura.

Lo que falta y lo que viene

El ecosistema fintech paraguayo crece rápido pero arranca de una base pequeña en términos absolutos. Paraguay representa apenas el 0,98% del total de startups fintech de América Latina. Brasil concentra el 24%, México el 20%. La diferencia no es solo de tamaño de mercado: es de madurez regulatoria. Brasil tiene Pix, el sistema de pagos instantáneos más exitoso del mundo. México tiene su propia Ley Fintech desde 2018. Chile y Colombia tienen sandboxes regulatorios. Paraguay aún no tiene sandbox ni open banking.

Paraguay no tiene ninguna de esas tres cosas. El SPI existe y funciona —28 millones de transacciones en junio de 2025— pero no es gratuito como Pix. La interoperabilidad de pagos es obligatoria desde la Ley 7503, pero la implementación práctica está en una fase temprana. El sandbox regulatorio no existe: la Cámara de Fintech lo viene pidiendo desde 2019.

Lo que Paraguay tiene, que ningún otro país de la región puede replicar fácilmente, es una combinación de factores estructurales: impuestos bajos (el impuesto a la renta corporativa es del 10%, uno de los más bajos del hemisferio), energía barata —el data center más grande de Sudamérica en proyecto se alimenta de la electricidad más barata de la región—, una población joven con alta penetración de smartphones, una economía semi-dolarizada que reduce el riesgo cambiario para inversores extranjeros, y ninguno de los problemas de legado que tienen los sistemas financieros de Argentina o Brasil.

La pregunta no es si Paraguay va a tener un ecosistema fintech relevante. Ya lo tiene. La pregunta es si va a tener las reglas de juego, el capital y el talento para que ese ecosistema no se quede en pagos digitales y transferencias básicas, sino que se convierta en una plataforma de inclusión financiera real para el 46% de adultos que todavía no tiene acceso. En eso, el tiempo corre. Brasil ya tiene Pix. México ya tiene su Ley Fintech. Chile y Colombia ya tienen sandboxes. Paraguay está construyendo su modelo. Lo que decida en los próximos dos años va a definir si llega a tiempo o si se queda, una vez más, mirando desde afuera, como ya le pasó con la transformación industrial del siglo XX.


Este artículo es parte de la guía completa de inteligencia artificial en Paraguay, que reúne todos los análisis del cluster sobre tecnología y ecosistema.

Fuentes

CS

César Sánchez

Analista de inteligencia artificial desde Paraguay. Consultor en automatización con IA generativa, anotación de datos y desarrollo de soluciones basadas en IA. Creador de muchotexto.net.