Paraguay 2040: un país construido con datos
Paraguay tiene energia limpia, una poblacion joven y 943,8 MW de potencia reservada para data centers. Que puede pasar si en los proximos 15 anos toma las…
En agosto de 2026, Paraguay tiene 41 empresas registradas como consumidores intensivos de energía, 943,8 megavatios de potencia reservada y contratada para data centers y criptominería, y una proyección de ingresos para ANDE de 350 millones de dólares por ese segmento —un 18,6% más que el año anterior—. Es un país que todavía exporta soja, carne y electricidad a precio de costo, pero que por primera vez en su historia tiene sobre la mesa cartas que ningún otro país Sudaméricano puede jugar. La pregunta es qué hace con ellas.
En resumen:
- Paraguay tiene una ventana demográfica que, según distintas estimaciones, se cierra entre 2030 y 2070 (este análisis toma ~2045): población joven con edad media de 29 años, pero con fecundidad en declive. El bono demográfico no espera.
- El superávit energético —la ventaja competitiva más importante del país— podría agotarse entre 2035 y 2040, según la proyección de este análisis, si la demanda sigue creciendo al 12,5-21% anual. Diversificar con solar en el Chaco (4,8-4,9 kWh/m²/día promedio anual) no es opcional: es urgente.
- La potencia reservada para data centers pasó de ~125 MW en 2023 a ~822 MW en 2025 y 943,8 MW en 2026, tras la creación del régimen de consumo intensivo en 2022. Según este análisis, a 2040 esa cifra podría ir de 2.000 a 8.000 MW dependiendo de si Paraguay soluciona sus cuellos de botella: fibra internacional, regulación y talento.
- Tres escenarios: uno donde Paraguay se convierte en el hub de cómputo de Sudamérica, otro donde vende energía barata sin transferencia tecnológica, y un tercero —el más probable si no se toman decisiones— donde el superávit se consume sin haber construido nada nuevo.
Proyectar un país a quince años no es un ejercicio de adivinación. Es un ejercicio de identificar las tendencias que ya están en marcha, los cuellos de botella que las frenan, y las decisiones que determinan cuál de varios futuros posibles se materializa. Paraguay en 2026 tiene más datos, más infraestructura y más oportunidades que en cualquier otro momento de su historia. Lo que sigue depende de lo que haga con ellos.
El reloj demográfico: una ventana que se cierra
Paraguay tiene hoy aproximadamente 6,5 millones de habitantes, con una edad media de 29,4 años —una de las poblaciones más jóvenes de Sudamérica—. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (Revisión 2024) indican que la población crecerá hasta unos 6,9 millones en 2040 —recién superará los 7 millones hacia 2050—, con una tasa de fecundidad de 1,90 hijos por mujer en 2026 que caerá a 1,72 en 2050, por debajo del nivel de reemplazo de 2,1. La urbanización pasará del 69% actual a cerca del 80%.
Eso significa que Paraguay está viviendo su bono demográfico ahora: hay más personas en edad de trabajar que dependientes (niños y adultos mayores). Pero ese bono se agota, según las estimaciones citadas, en algún punto entre 2030 y 2070 —este análisis toma alrededor de 2045—, cuando la proporción se invierte y el país empieza a envejecer. Cada año que pasa sin invertir en educación, salud y empleo formal para esa población joven es un año de bono demográfico desperdiciado.
El Índice de Capital Humano del Banco Mundial para Paraguay es de 0,528 —el más bajo entre los países con los que compite (Uruguay 0,603, Chile 0,652, Costa Rica 0,623)—. Eso significa que un niño paraguayo que nace hoy alcanzará, en promedio, apenas el 53% de su productividad potencial si tuviera salud y educación completas. La brecha de talento tech que ya es un problema en 2026 —alrededor de 400 graduados en informática por año, contra una producción per cápita varias veces mayor en Uruguay— se va a convertir en un abismo en 2040 si no se invierte masivamente en formación STEM durante esta década.
Energía: del superávit al equilibrio
Paraguay genera hoy aproximadamente 44 teravatios-hora al año y consume 29,4 TWh (29.419 GWh en 2025, según la ANDE). El excedente —alrededor del 35% de su producción, unos 15 TWh— se exporta a Brasil y Argentina. Pero ese colchón se está achicando. La demanda interna crece a un ritmo de entre 12,5% y 21% anual, impulsada por los data centers —41 empresas tienen contratados 943,8 MW, el 13,5% de la potencia de Itaipú que corresponde a Paraguay (7.000 MW)—, la electrificación del transporte y el crecimiento vegetativo.
A ese ritmo, y según la proyección de este análisis, el superávit energético paraguayo se agota entre 2035 y 2040. Para entonces, si no se construyó nueva capacidad de generación, Paraguay pasará de exportador neto a importador neto —precisamente cuando más energía necesitará para sostener su crecimiento económico—.
La solución está en el oeste. El Chaco paraguayo recibe una irradiación solar promedio de 4,8 a 4,9 kilovatios-hora por metro cuadrado por día (Atlas Solar 2016), entre las más altas de Sudamérica. La Ley 7599 de 2025 y el Decreto 6034 de 2026 crearon el marco legal para que el sector privado invierta en generación renovable: solar, eólica, biomasa, biogás, geotermia y almacenamiento. Pero a un año de su promulgación no opera ninguna planta utility-scale: la ANDE recién lanzó en mayo de 2026 su primera licitación pública internacional para una planta solar fotovoltaica en Loma Plata (Chaco), como parte de un Plan Maestro que proyecta incorporar un promedio de 800 MW de generación fotovoltaica por año. El potencial solar del Chaco podría agregar entre 1.000 y 5.000 MW de capacidad instalada para 2040 —suficiente para aumentar la oferta eléctrica en más del 50% respecto a la capacidad instalada actual—, pero eso requiere que alguien construya los parques, las líneas de transmisión y los contratos de compra de energía. Hoy, apenas empieza el primer proyecto.
La renegociación del Anexo C de Itaipú —suspendida en abril de 2025 por el escándalo de espionaje ABIN y reanudada en noviembre de ese año tras la entrega del informe brasileño— añade otra capa de incertidumbre. Aunque las conversaciones volvieron a la mesa, el nuevo Anexo C todavía no está firmado y el acuerdo tarifario vigente (2024-2026) vence el 1 de enero de 2027. Sin un pacto definitivo, Paraguay no sabe con cuántos ingresos de Itaipú va a contar para financiar su transición energética.
La paradoja es que Paraguay ya tiene escrita buena parte del camino. La Política Energética Nacional al 2050, aprobada por Decreto N.º 2553/24 en septiembre de 2024 con 95 objetivos y 385 metas, incluye desde la diversificación de la matriz hasta la creación de un Ministerio de Energía (plazo original: 2024, aún sin crear; el 13 de agosto de 2026 el Ejecutivo presentó los proyectos de ley del ministerio y de un ente regulador eléctrico). La Mesa Energética Nacional —reactivada por Peña en 2023 y reconvocada el 6 de agosto de 2026 con 30 días para presentar propuestas— y la Mesa Energética del Consejo Asesor Empresarial del MIC+UIP —que en julio de 2026 concluyó que Paraguay ya tiene “más proyectos que energía disponible”— confirman que el diagnóstico está hecho. El problema, como en tantas otras dimensiones del desarrollo paraguayo, no es saber qué hacer sino hacerlo.
Data centers: de 943,8 MW a lo que Paraguay quiera ser
El régimen de consumo intensivo que regula estos proyectos se creó en 2022. La potencia reservada pasó de ~125 MW en 2023 a ~822 MW en 2025 y a 943,8 MW contratados en 2026 —no toda operativa—, con HIVE Digital Technologies como el operador más grande (300 MW operativos, 100 MW GPU en construcción). La demanda efectivamente consumida es menor: el estudio del Ceare (con apoyo del BID, publicado por ABC Color el 9 de agosto de 2026) estima las cargas del grupo de consumo intensivo en 854 MW para 2025 y 803 MW para 2026.[nota] Yguazú Digital —el proyecto binacional con Taiwán— proyecta otras tres fases que van de 10 MW a 1.000 MW. Según este análisis, la capacidad a 2040 podría ir de 2.000 MW en un escenario conservador a 8.000 MW en uno optimista.
Para ponerlo en perspectiva: Irlanda, el país que se convirtió en el hub de data centers de Europa, tiene aproximadamente 80 centros de datos que consumen el 23% de su electricidad nacional. Loudoun County, Virginia —el “Data Center Alley” del mundo— alberga más de 200 data centers. Según la Encuesta de Tarifas Eléctricas de CIER 2025, la tarifa residencial paraguaya (US$ 46 por MWh) y la industrial (US$ 35 por MWh) son las más bajas entre 13 países de la región. Paraguay tiene la energía más barata de Sudamérica, una ubicación central en el continente y 99,9% de energía renovable. Los fundamentos están. Lo que falta es todo lo demás.
El primer cuello de botella es la conectividad. Paraguay es mediterráneo y depende de fibra terrestre que atraviesa Brasil y Argentina para conectarse al resto del mundo. No tiene acceso a cables submarinos, que son las autopistas del tráfico internacional de datos. La construcción de una Red Nacional de Fibra Óptica —financiada con un préstamo del BID de USD 130 millones para la Agenda Digital y con un avance parcial en su primera etapa— sería el primer backbone de fibra soberano del país.
El segundo cuello de botella es regulatorio. Paraguay no tiene una sola norma específica para data centers. No hay cuotas de contratación local, no hay obligaciones de beneficio comunitario, no hay evaluaciones de impacto ambiental aplicadas al sector. Chile diseñó el Plan Nacional de Data Centers con metas explícitas a 2030. Paraguay todavía está en la fase de memorandos de entendimiento no vinculantes.
El tercero es el talento. Un data center de 100 MW emplea entre 20 y 50 personas en operación permanente. Parece poco, pero son puestos que requieren formación técnica especializada —electricistas de alta tensión, técnicos de refrigeración, administradores de redes— que el sistema educativo paraguayo no está produciendo al ritmo necesario. Si los data centers crecen a 5.000 MW para 2040, Paraguay va a necesitar entre 1.000 y 2.500 técnicos especializados que hoy no existen.
La economía que viene: menos soja, más servicios digitales
Paraguay tiene un PIB per cápita de aproximadamente USD 9.400 en 2026. Según la estimación de este análisis —el BCP solo publica proyecciones de corto plazo—, en 2040 podría ubicarse entre USD 14.000 y USD 17.000 nominales, dependiendo del crecimiento anual. Es un salto significativo, pero incluso en el escenario optimista seguiría siendo el más bajo entre los países con los que compite: Uruguay proyecta USD 30.000, Chile USD 28.000, Costa Rica USD 22.000.
La diferencia la va a marcar la composición de ese PIB. Si Paraguay sigue dependiendo de la soja y la carne como principales exportaciones —hoy representan más del 40% del total—, su crecimiento estará atado a los precios internacionales de commodities, que son cíclicos y no generan empleo de calidad. Si, en cambio, logra que los servicios digitales, el cómputo en la nube, la inteligencia artificial aplicada al agro, las fintech y la exportación de energía con valor agregado representen una porción creciente de su economía, el PIB per cápita podría superar los USD 20.000.
Hay señales de que el cambio ya empezó. Las exportaciones de servicios bajo el régimen de maquila —que incluyen desarrollo de software, procesamiento de datos y servicios de cómputo— crecieron sostenidamente en los últimos cinco años. La Ley 7547 de 2025 reformó la Ley de Maquila para incluir explícitamente los servicios intangibles. Y la combinación de energía barata, ubicación geográfica y huso horario compatible con Estados Unidos le da a Paraguay una ventana de oportunidad en el mercado de nearshoring de servicios digitales que ningún otro país Sudaméricano puede replicar.
Pero la informalidad —que oscila entre el 60% y el 64% de la fuerza laboral según la medición y el trimestre— es el lastre. Un país donde dos de cada tres trabajadores no tienen seguridad social, no califican para crédito hipotecario y no acumulan antigüedad laboral no puede construir una economía digital competitiva. Formalizar el empleo es la reforma estructural más importante que Paraguay puede hacer antes de 2040, y la más difícil.
Los tres escenarios
Los escenarios A, B y C que siguen son hipótesis de este análisis —no proyecciones de ninguna institución—: combinan las tendencias verificadas con distintas decisiones de política pública.
Escenario A: hub regional de cómputo. Paraguay diversifica su matriz energética con solar en el Chaco antes de 2030, construye la Red Nacional de Fibra Óptica, crea un marco regulatorio para data centers con beneficios comunitarios y forma una generación de técnicos e ingenieros. Los data centers alcanzan 8.000 MW. Las exportaciones de servicios digitales superan a las de soja. El PIB per cápita supera los USD 20.000. El bono demográfico se aprovechó.
Escenario B: exportador de energía barata. Los data centers siguen llegando pero sin regulación. Paraguay vende electricidad barata, los centros de datos operan con mínima transferencia tecnológica, y los beneficios se concentran en ANDE —USD 350 millones al año que palian el déficit fiscal pero no transforman la economía—. El superávit energético se agota entre 2035 y 2040. La soja y la carne siguen siendo las principales exportaciones. El PIB per cápita llega a USD 14.500. El bono demográfico se desperdició parcialmente.
Escenario C: el superávit que se fue. Una sequía prolongada como la de 2019-2022 golpea la cuenca del Paraná en la próxima década. La generación de Itaipú vuelve a caer 35%. Sin diversificación energética, los data centers empiezan a migrar a países con redes más estables. La presión china sobre Taiwán escala y Paraguay queda aislado diplomáticamente. La corrupción bloquea las reformas institucionales. El crecimiento se estanca. El PIB per cápita apenas supera los USD 10.000. La ventana del bono demográfico se cerró sin que nadie la abriera.
Conclusión
Paraguay en 2040 no va a ser el país que sus políticos prometen ni el que sus críticos temen. Va a ser el país que las decisiones de los próximos cinco años determinen. Según las estimaciones citadas, la ventana del bono demográfico se cierra en algún punto entre 2030 y 2070 —este análisis toma 2045—. El superávit energético, según la proyección de este análisis, se agota entre 2035 y 2040. La infraestructura de datos que se construya —o no— entre 2026 y 2035 es la que va a definir qué tipo de economía tiene Paraguay cuando estas ventanas ya no estén abiertas.
Las palancas son pocas y claras: diversificar la matriz energética con solar en el Chaco, construir fibra óptica soberana, crear un marco regulatorio para data centers que exija transferencia tecnológica y beneficio comunitario, y multiplicar por diez la inversión en formación de talento tech. Si esas cuatro cosas se hacen, Paraguay puede ser el país que sus nietos no se quieran ir. Si no, va a ser el país que les vendió electricidad barata a los que sí lo hicieron.
Probá los escenarios: mové las cinco palancas del simulador interactivo Paraguay 2040 y descubrí qué futuro se construye con tus decisiones.
Más análisis en el Observatorio de IA en Paraguay.
Fuentes
- INE Paraguay — Proyecciones de población
- ANDE — Consumo intensivo especial (41 empresas, 943,8 MW)
- HIVE Digital Technologies — FY2026 Financial Results
- IEA — World Energy Outlook 2025
- WEF — Future of Jobs Report 2025
- Banco Mundial — Human Capital Index Paraguay
- Ley 7599/2025 y Decreto 6034/2026
- MITIC — Agenda Digital Paraguay
- ABC Color Negocios — Consumo intensivo ANDE (agosto 2026)
- Wikipedia ES — Demografía de Paraguay
- Wikipedia ES — Economía de Paraguay
- BCP — Proyecciones macroeconómicas
- IPCC AR6 — Impactos regionales en Sudamérica
- ABC Color / Silvana Bogarín — “Período 2026-2030: prevén subas hasta del 46%”, estudio Ceare (9 agosto 2026)
- CIER 2025 — Encuesta de Tarifas Eléctricas
Artículo elaborado con la asistencia de inteligencia artificial y supervisado por el editor humano de muchotexto.net.
