Paraguay tiene energía 100% renovable y el cambio climático la amenaza
Paraguay genera el 99.9% de su electricidad con fuentes renovables. Pero 97% depende de dos represas, perdió 6.3M de hectáreas de bosque y no tiene plan de diversificación.
En 2024 Paraguay generó el 99,998% de su electricidad con fuentes renovables. Es un número que ningún país industrializado puede igualar. Pero esa electricidad sale casi enteramente de dos represas —Itaipú y Yacyretá— que dependen de un solo río, el Paraná, cuyo caudal está bajando. Al mismo tiempo, el país perdió 6,3 millones de hectáreas de bosque en dos décadas, una superficie equivalente a todo el departamento de Presidente Hayes. Paraguay es una paradoja climática: el país con la matriz eléctrica más limpia de Sudamérica es también uno de los que más carbono emite por hectárea talada.
En resumen:
- Paraguay tiene la matriz eléctrica más limpia de Sudamérica (99,9% renovable) y también la más concentrada: Itaipú y Yacyretá suman el 97% de la capacidad hidroeléctrica en una sola cuenca.
- La generación de Itaipú cayó un 35,6% durante la sequía de 2021 —de 103,1 a 66,4 teravatios-hora— cuando el Paraná tocó su nivel más bajo en 77 años. El embalse solo almacena un mes de caudal promedio.
- Paraguay emite entre 28 y 52 millones de toneladas de CO2 equivalente por año debido a la deforestación, contra 0,01 millones de toneladas del sector eléctrico. Es un emisor neto.
- A diferencia de Uruguay (41% eólica), Costa Rica (geotermia de base) y Noruega (1.600 represas en múltiples cuencas), Paraguay no tiene generación solar ni eólica de escala utility.
El gobierno paraguayo promociona al país como una potencia de energía limpia. La etiqueta es técnicamente correcta si uno mira solo la matriz eléctrica. Pero es profundamente engañosa si uno mira el sistema energético completo, la deforestación y la vulnerabilidad climática de la infraestructura que genera esa electricidad.
Una matriz 100% renovable que depende de dos represas y un solo río
La capacidad instalada de generación eléctrica disponible para Paraguay es de aproximadamente 8.760 megavatios. Itaipú aporta 7.000 MW (80%), Yacyretá unos 1.550 MW (18%) y Acaray 210 MW (2%). La generación térmica —plantas de emergencia que funcionan con gasoil— representa menos del 0,1% del total y solo se activa en picos de demanda o fallas de transmisión. No hay parques solares conectados al sistema interconectado nacional. No hay parques eólicos. No hay biomasa eléctrica significativa.
Esta configuración convierte a Paraguay en un caso único entre los países con matrices eléctricas cercanas al 100% renovable. Uruguay genera el 41% de su electricidad con viento y otro 25% con biomasa, además de hidroeléctrica y solar. Costa Rica tiene un 12% de generación geotérmica de base —las plantas geotérmicas funcionan 24 horas al día, no dependen del clima— que respalda su matriz hidroeléctrica mayoritaria. Noruega, el único país desarrollado con una matriz comparable, tiene más de 1.600 centrales hidroeléctricas distribuidas en docenas de cuencas independientes. Ninguno de estos países concentra el 97% de su capacidad en dos represas de una sola cuenca.
En Paraguay, si el caudal del Paraná baja, baja todo. Es un riesgo de concentración que ningún otro país con matriz limpia ha aceptado.
Cuando el río se seca
Entre 2019 y 2022, la cuenca del Paraná experimentó la sequía más severa desde que existen registros instrumentales —77 años de datos—. El caudal del río en la frontera entre Paraguay y Brasil cayó a niveles que no se veían desde 1944. La generación de Itaipú pasó de 103,1 teravatios-hora en 2016 —su récord histórico— a 66,4 TWh en 2021. Una caída del 35,6%.
Paraguay no sufrió apagones por esa sequía. Pero no fue porque el sistema estuviera preparado. Fue porque el país consume menos del 16% de su mitad de Itaipú —el resto se exporta a Brasil a precio de costo—. Durante la sequía, lo que cayó fue la exportación, no el consumo interno. El colchón de ventas a Brasil absorbió el golpe.
Ese colchón no es eterno. La demanda eléctrica paraguaya crece a un ritmo que en los últimos años alcanzó picos de entre 12% y 21% anual, según datos de ANDE, impulsada por la expansión de data centers, la electrificación del transporte y el crecimiento vegetativo. Las proyecciones del Banco Mundial indican que Paraguay podría alcanzar el pico de su capacidad de consumo hacia 2030. Si para entonces no diversificó su matriz, una sequía como la de 2021 ya no será absorbida por el colchón de exportación: golpeará directamente al consumidor paraguayo.
El embalse de Itaipú, además, no fue diseñado para regular sequías prolongadas. Su capacidad de almacenamiento equivale a aproximadamente un mes de caudal promedio del Paraná. En términos hidrológicos, es una represa de pasada: lo que entra, sale. No puede acumular agua de años húmedos para usar en años secos. Las proyecciones climáticas para la cuenca del Paraná bajo escenarios de cambio climático sugieren un aumento de temperatura de aproximadamente 1,5°C para mediados de siglo. Las proyecciones de precipitación tienen una incertidumbre muy alta —algunos modelos proyectan reducción y otros aumento—, lo que hace que la planificación energética a largo plazo sea especialmente difícil.
La paradoja del carbono: limpio en electricidad, sucio en bosques
Mientras Paraguay presume su matriz eléctrica limpia, pierde bosques a un ritmo que anula cualquier beneficio climático de esa electricidad. Entre 2000 y 2020, el país perdió 6,3 millones de hectáreas de cobertura forestal —el 25,8% del bosque que existía al inicio del período—. La deforestación se concentra en el Chaco, donde la expansión de la ganadería y la soja empuja la frontera agrícola sobre ecosistemas que almacenan carbono en suelos y biomasa durante siglos.
El balance de emisiones es devastador. El sector eléctrico paraguayo emite aproximadamente 0,01 millones de toneladas de CO2 equivalente por año —efectivamente cero—. Pero el cambio de uso de suelo y la silvicultura emiten entre 28 y 52 millones de toneladas anuales, según los inventarios nacionales reportados a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. La agricultura suma otras 33 millones de toneladas, principalmente por fermentación entérica del ganado.
En total, Paraguay emite entre 75 y 98 millones de toneladas de CO2 equivalente por año. Para ponerlo en perspectiva: es un nivel de emisiones comparable al de Bélgica o Portugal, países con matrices energéticas mucho más sucias pero con deforestación cero. La energía limpia de Itaipú evita emisiones —si Paraguay generara su electricidad con gas natural, emitiría aproximadamente 4 millones de toneladas adicionales por año—. Pero ese ahorro de 4 millones de toneladas queda completamente anulado por los 50 millones que se emiten talando bosques. Es como ahorrar monedas mientras se queman billetes.
Sin plan B: el vacío de la diversificación energética
Paraguay no tiene un solo parque solar conectado al sistema interconectado nacional. No tiene un solo parque eólico. No tiene una sola planta de biomasa de escala utility. La capacidad instalada de energías renovables no convencionales —solar distribuida en techos, pequeñas turbinas aisladas— es insignificante en un sistema de 8.760 MW.
El potencial existe. Paraguay recibe una irradiación solar promedio de 5,5 kilovatios-hora por metro cuadrado por día en la región occidental —comparable a la del Desierto de Atacama en Chile, que alberga algunos de los parques solares más grandes del mundo—. El Chaco paraguayo tiene vientos constantes con velocidades medias superiores a 6 metros por segundo a 80 metros de altura, viables para generación eólica. Pero no hay proyectos.
La razón no es técnica ni económica. Es institucional. Paraguay no tiene un plan nacional de diversificación energética. No existe una meta vinculante de penetración de energías renovables no convencionales. La Ley 7599 de 2025 abrió el sector eléctrico a la inversión privada por primera vez, y su decreto reglamentario (Decreto 6034 de 2026) habilitó seis fuentes renovables no convencionales —solar, eólica, biomasa, biogás, geotermia y almacenamiento— y creó las figuras de autogenerador, cogenerador, exportador y prosumidor. Pero a un año de su promulgación, no se ha concretado ningún proyecto utility-scale bajo este marco. Paraguay sigue sin tener un mecanismo de subastas de energía renovable como el que usaron Uruguay —desde 2006— y Brasil —desde 2009— para construir sus parques eólicos.
Lo que dice (y no dice) la política climática paraguaya
Paraguay presentó su tercera Contribución Nacionalmente Determinada en noviembre de 2025. El documento compromete una reducción del 20% de las emisiones proyectadas para 2030 y 2035 respecto a un escenario tendencial, dividida en un 10% incondicional —que Paraguay financiaría con recursos propios— y un 10% condicional —sujeto a financiamiento internacional por USD 24.000 millones—. Es una meta modesta para un país que emite más por deforestación que por energía y que necesitaría, sobre todo, hacer cumplir sus propias leyes ambientales.
Paraguay tiene instrumentos sobre el papel. Una Política Nacional de Cambio Climático aprobada en 2017. Un Plan Nacional de Adaptación presentado en 2020 y actualizado en 2022. Una Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde desde julio de 2025. Una Ley de Bonos de Carbono (Ley 7190/23) reglamentada en 2025 que permite a empresas paraguayas vender créditos de carbono en mercados internacionales. Itaipú, por su parte, reporta la fijación de 5,9 millones de toneladas de CO2 al año a través de las 100.000 hectáreas de bosque protegido que rodean su embalse.
Pero todos estos instrumentos comparten una característica: son políticas, no leyes. Paraguay no tiene una ley marco de cambio climático que establezca metas vinculantes de reducción de emisiones, moratorias a la deforestación u obligaciones de diversificación energética. La NDC es un compromiso internacional voluntario. El Plan de Adaptación es un documento de planificación. La Estrategia de Hidrógeno Verde es una hoja de ruta sin fuerza legal.
Conclusión
Paraguay tiene la matriz eléctrica más limpia de Sudamérica. Es un logro genuino, producto de una geografía privilegiada y de las decisiones de inversión de los años setenta que crearon Itaipú. Pero ese logro descansa sobre tres pilares cada vez más frágiles: una concentración extrema en dos represas que dependen de un solo río, un colchón de exportación que se achica a medida que crece la demanda interna, y una deforestación que anula cualquier beneficio climático de la electricidad limpia.
La paradoja paraguaya no es tener energía 100% renovable. Es tenerla y no haber hecho nada para protegerla del clima que la está cambiando.
Más análisis en el Observatorio de IA en Paraguay.
Fuentes
- Wikipedia ES — Sector eléctrico en Paraguay
- ANDE — Portal oficial
- Itaipú Binacional — Informes de generación
- Banco Mundial — Paraguay Climate Change Knowledge Portal
- Global Forest Watch — Paraguay deforestation data
- UNFCCC — Paraguay NDC 3.0 (2025)
- MADES — Dirección Nacional de Cambio Climático
- Ley 7190/23 — Bonos de carbono Paraguay
- Ley 7599/2025 — Apertura sector eléctrico y Decreto 6034/2026
- ABC Color — Cobertura sector energético
- IRENA — Renewable capacity statistics 2025
- Ember Climate — Paraguay electricity data
