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Paraguay tiene la energía para el hidrógeno verde pero no el puerto

Paraguay puede producir el hidrógeno verde más barato de Sudamérica a USD 1.5/kg. Pero sin puerto ni proyectos en ejecución, la oportunidad sigue en el papel.

Paraguay podría producir hidrógeno verde al costo más bajo de Sudamérica. Tiene electricidad hidroeléctrica a USD 0.03 por kilovatio-hora —la más barata del continente—, agua ilimitada del río Paraná, y una subestación en Yguazú que desde 2023 puede retirar el 100% de la mitad paraguaya de Itaipú. Con esa energía, un electrolizador de 1 GW podría generar aproximadamente 1.000 millones de metros cúbicos de hidrógeno por año sin afectar el consumo eléctrico actual del país. El mercado global de hidrógeno verde fue de USD 155 mil millones en 2022 y crece a un ritmo de 9.3% anual, con proyecciones que lo ubican por encima de USD 300 mil millones para 2030. Paraguay tiene la materia prima. Lo que no tiene es un solo proyecto comercial en ejecución, una ley que regule la actividad, ni un puerto marítimo para exportarlo. Chile ya vendió su primer cargamento de combustibles sintéticos a Porsche en 2022.

La energía sobra. Los proyectos, no.

Itaipú genera aproximadamente 14.000 megavatios. Paraguay consume entre 4.000 y 4.500. La diferencia —unos 9.500 MW— se vende a Brasil a precio de costo según el Anexo C del Tratado, que vence en 2027 y está en renegociación. Mientras tanto, la energía que Paraguay no puede consumir ni vender a precio de mercado simplemente se vierte: el agua pasa por las turbinas sin generar electricidad porque no hay quién la compre. Esa energía vertida turbinable bastaría para producir hidrógeno verde a escala industrial.

Pero el único proyecto de hidrógeno verde que existe en Paraguay es una unidad experimental del Parque Tecnológico Itaipú (PTI-PY), que produce 2 metros cúbicos normales por hora —un volumen de laboratorio, no industrial— y fue declarada de interés nacional. El otro proyecto, Atome, anunció en 2021 una inversión de USD 665 millones para producir fertilizantes verdes en Villeta. Cuatro años después, la ejecución es cero. Atome está en conflicto con la ANDE por el precio de la electricidad y el proyecto no pasó de los anuncios. Es un caso de libro de lo que sucede cuando un país tiene el recurso pero no las reglas para usarlo.

Paraguay presentó en julio de 2025 una Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde financiada por el BID, con 6 pilares y 55 medidas. Es un documento de política pública serio. Pero Chile lanzó su estrategia en 2020 —cinco años antes— y ya tiene proyectos en Magallanes con inversiones de HIF, Enel y Total Eren que suman varios miles de millones de dólares. La diferencia no es solo de tiempo: Chile tiene puertos en el Pacífico y viento en la Patagonia. Paraguay tiene energía hidroeléctrica 24/7 —lo que los expertos llaman baseload, el santo grial del hidrógeno verde porque ninguna planta solar o eólica puede garantizar producción continua sin baterías— pero no tiene costa.

El problema no es el agua. Es el Atlántico.

Producir 1 kilogramo de hidrógeno verde por electrólisis consume aproximadamente 9 litros de agua. El río Paraná tiene un caudal medio de 10.000 metros cúbicos por segundo. El agua que necesitaría una planta de 1 GW es insignificante al lado de lo que el río mueve en un minuto. El Acuífero Guaraní, uno de los reservorios de agua dulce más grandes del mundo, subyace en parte del territorio paraguayo. El agua no es una restricción. Nunca lo fue.

El problema es que Paraguay es un país mediterráneo. El hidrógeno verde se exporta en forma de amoníaco —el hidrógeno se combina con nitrógeno para producir NH₃, más fácil de transportar— y el amoníaco necesita un puerto. Paraguay tiene la hidrovía Paraná-Paraguay, que conecta con el Atlántico a través de Argentina y Uruguay. Es una ruta navegable. Pero requiere inversión en dragado, terminales portuarias en Villeta o Concepción, y acuerdos de tránsito con los países ribereños. Esas inversiones no están en ningún presupuesto.

La Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde pivotea inteligentemente hacia una alternativa: en vez de exportar hidrógeno o amoníaco, producir fertilizantes nitrogenados para el mercado local y regional. Paraguay importa entre 1.5 y 2 millones de toneladas de fertilizantes por año. Brasil, su vecino y mayor socio comercial, importa 40 millones de toneladas. Una planta de 100 MW produciría aproximadamente 9.700 toneladas de amoníaco por año, competitivas a un precio de USD 500 a 700 por tonelada. No es hidrógeno para Porsche en Magallanes. Es urea para soja en Mato Grosso. Pero el mercado existe, es enorme, y está al lado.

Lo que Chile hizo bien (y Paraguay puede copiar)

Chile no tenía un sector de hidrógeno verde en 2020. Tenía viento en Magallanes y sol en Atacama. Lanzó una estrategia nacional, creó un marco regulatorio claro, ofreció incentivos fiscales, y en dos años atrajo a HIF, Enel, Total Eren, Engie y Air Liquide. Hoy tiene más de 60 proyectos en cartera y ya exportó el primer cargamento de e-fuel del mundo.

Uruguay hizo algo similar pero a menor escala: su proyecto HIF en Paysandú moviliza USD 6.000 millones y el consorcio alemán Enertrag participa en H2Global, el mecanismo de compra del gobierno alemán que garantiza precios a los productores (la primera licitación la ganó Fertiglobe de Emiratos Árabes en 2023). Uruguay lo logró con una fracción del presupuesto chileno porque reguló rápido y bien.

Paraguay tiene ventajas que Chile y Uruguay no tienen: electricidad hidroeléctrica 24/7 a USD 0.03 por kilovatio-hora, frente a los USD 0.04-0.06 de la eólica patagónica o los USD 0.025-0.04 de las subastas solares en Atacama. El costo nivelado de hidrógeno (LCOH) proyectado para Paraguay en 2030 está entre USD 1.50 y 3.10 por kilogramo, potencialmente el más bajo de Sudamérica. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) estima que el hidrógeno verde será competitivo con el gris antes de 2030 en ubicaciones con electricidad renovable por debajo de USD 20 por megavatio-hora. Paraguay no llega a ese umbral (USD 30/MWh), pero su ventaja no es solo el precio: es la constancia. Una central hidroeléctrica produce 24 horas al día, todos los días del año. Ningún parque solar o eólico puede decir lo mismo, y esa diferencia reduce el costo nivelado porque el electrolizador no se para. Lo que le falta no es recurso. Es regulación, infraestructura de transmisión —la ANDE está construyendo dos nuevas líneas de 500 kV para triplicar la capacidad de la red—, y un marco de certeza jurídica que transforme los anuncios en ejecución.

La oportunidad silenciosa

Un dato que no aparece en la mayoría de los análisis: Paraguay ya tiene una industria electrointensiva incipiente. Los 700 MW de criptominería demuestran que el país puede atraer inversión extranjera basada exclusivamente en el diferencial de costo eléctrico. La misma lógica aplica a la electrólisis: los electrolizadores son el equivalente químico de los ASIC de minería. Ambos transforman electricidad barata en un producto de mayor valor. La diferencia es que el hidrógeno verde tiene un mercado de exportación medible en cientos de miles de millones de dólares, y la criptominería no.

Paraguay no va a competir con Chile en la exportación de hidrógeno a Japón. No tiene puerto en el Pacífico ni la escala de inversión de Magallanes. Pero puede competir en fertilizantes verdes para el Mercosur, en amoníaco para el mercado brasileño, y en combustibles sintéticos para la aviación regional —un mercado que la Organización de Aviación Civil Internacional está regulando agresivamente con mandatos de combustible sostenible para 2030. La energía está. El agua está. La demanda está. Lo que falta es la decisión de construir las reglas antes de esperar que los inversores lleguen solos.

Este artículo es parte del Observatorio de IA en Paraguay, una guía viva sobre cómo la inteligencia artificial y la energía están transformando el país.

Fuentes

  1. IEA — Global Hydrogen Review 2024
  2. IRENA — Green Hydrogen Cost Reduction
  3. PTI-PY — Unidad Experimental de Hidrógeno Verde
  4. H2Global — German Hydrogen Import Mechanism
  5. Gobierno de Chile — Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde (2020)
  6. HIF Global — Haru Oni e-fuel plant, Magallanes
  7. ANDE — Informe de Gestión y líneas de 500 kV
  8. Banco Mundial — “The Potential of Green Hydrogen in Latin America” (2024)
César Sánchez

César Sánchez

Consultor en automatización con IA generativa, anotación de datos para modelos de lenguaje y desarrollo de soluciones basadas en IA aplicada. Fundó en 2005 uno de los primeros medios digitales sobre tecnología en Paraguay y ha trabajado con marcas como Coca-Cola en generación de contenido con IA. Creador del observatorio de IA en Paraguay.