En 2027 Paraguay puede perder mil millones de dólares de Itaipú
El Anexo C de Itaipú vence en 2027. Las negociaciones siguen congeladas por un caso de espionaje. Paraguay recibe USD 1.000M al año y podría perder el 60%.
El 26 de abril de 1973, Paraguay y Brasil firmaron el Tratado de Itaipú. Cincuenta y tres años después, la represa hidroeléctrica con mayor generación acumulada de la historia —14.000 megavatios instalados, 20 turbinas de 700 megavatios cada una— produce más electricidad que cualquier otra central del planeta y representa aproximadamente el 12% de los ingresos del Estado paraguayo. En 2027, el Anexo C del tratado —el documento que fija el precio al que Paraguay le vende su energía excedente a Brasil— llega a su fin. Las negociaciones para renovarlo están congeladas desde abril de 2025, cuando se reveló que la Agencia Brasileña de Inteligencia espió a funcionarios paraguayos involucrados en la discusión.
Paraguay se enfrenta a una paradoja. Genera ocho veces más electricidad de la que consume. El 90% de su energía de Itaipú se vende a Brasil a un precio que no se determina por el mercado sino por una negociación diplomática, y cuya renegociación está paralizada por un escándalo de espionaje. Este artículo explica qué está en juego, cuánto vale y qué puede pasar.
Lo que dice el Anexo C (y lo que no)
El Tratado de Itaipú establece que la energía generada se divide en partes iguales entre Paraguay y Brasil. Pero Paraguay consume menos del 10% de su mitad. El resto —aproximadamente el 90% de su parte— se vende a Brasil. El precio de esa venta no lo fija el mercado. Lo fija el Anexo C.
El anexo funciona con una lógica de costo de servicio: la tarifa debe cubrir los gastos operativos, el servicio de la deuda y las inversiones necesarias. Como la deuda de construcción se terminó de pagar en 2023, la tarifa bajó. En mayo de 2024, los presidentes Santiago Peña y Luiz Inácio Lula da Silva acordaron una tarifa de 19,28 dólares por kilovatio-mes para el período 2024-2026. Con esa tarifa, Itaipú genera ingresos totales de aproximadamente 2.000 millones de dólares al año. Paraguay recibe alrededor de 1.000 millones —unos 315 millones en regalías, 650 millones en inversión social y compensación energética—. Es, consistentemente, una de las fuentes de ingreso más importantes del Estado.
Pero el acuerdo de 2024 fue un puente, no una solución. Fijó la tarifa por tres años —2024, 2025 y 2026— y estableció que a partir del 1 de enero de 2027 Paraguay podría contratar la energía según sus propias necesidades, en lugar de recibir un bloque fijo. También le dio a Paraguay el derecho de vender su excedente en el mercado libre brasileño, rompiendo el monopolio que Eletrobras primero y ENBPar después mantuvieron durante décadas. Son avances reales. Pero no resuelven el problema de fondo: qué tarifa va a regir cuando el Anexo C expire.
Si no hay acuerdo, la tarifa no desaparece —cae al costo de producción. Los expertos estiman que eso significaría una reducción de aproximadamente el 60% respecto al nivel actual. Para Paraguay, que depende de esos ingresos para financiar programas sociales, infraestructura y gasto corriente, es un agujero fiscal de aproximadamente 600 millones de dólares al año. Para Brasil, cuyo director de Itaipú ha declarado públicamente su preferencia por pagar solo el costo de producción, es un ahorro.
La paradoja paraguaya: energía de sobra y red que no alcanza
Paraguay tiene un problema anterior a la negociación con Brasil. No puede usar la energía que ya tiene.
La Administración Nacional de Electricidad opera una red de transmisión que no fue diseñada para transportar los 7.000 megavatios que le corresponden a Paraguay de Itaipú. El techo de la red de ANDE está en aproximadamente 1.700 megavatios —un problema que analizamos en detalle en el diagnóstico de la red eléctrica paraguaya—. Las pérdidas de distribución alcanzan el 31% —casi un tercio de la electricidad se pierde antes de llegar al consumidor—. La subestación Emboscada, un proyecto de 140 millones de dólares financiado en parte por el BID, está en construcción pero no va a resolver el problema por sí sola.
Esto significa que incluso si Paraguay obtuviera las mejores condiciones posibles en la renegociación —más energía para uso propio, libertad total de venta a terceros—, no tendría cómo transportarla. La energía está en Itaipú, en la frontera con Brasil, a 300 kilómetros de Asunción. La línea de transmisión que debería llevarla a los centros de consumo no existe.
La demanda eléctrica paraguaya crece a un ritmo de entre el 5% y el 8% anual, impulsada por la expansión de la criptominería, que ya convirtió a Paraguay en el cuarto mayor minero de bitcoin del mundo, los centros de datos y el crecimiento económico general. Si ese ritmo se mantiene, Paraguay podría necesitar toda su energía de Itaipú para consumo doméstico en menos de quince años. En ese escenario, la pregunta deja de ser “¿cuánto nos paga Brasil?” y pasa a ser “¿tenemos suficiente para nosotros?”.
Lo que pasó en 2009 (y por qué importa ahora)
En 2009, el presidente Fernando Lugo y su par brasileño Lula da Silva firmaron un acuerdo que cambió las reglas de juego. La compensación que Paraguay recibía por su energía cedida se triplicó: pasó de aproximadamente 120 millones de dólares anuales a 360 millones. Brasil aceptó que Paraguay pudiera vender energía directamente a empresas brasileñas, rompiendo el monopolio de Eletrobras. Y se comprometió a financiar una línea de transmisión de 500 kilovoltios hacia Asunción.
El Congreso brasileño tardó dos años en ratificar el acuerdo. La línea de transmisión nunca se construyó. Pero el precedente quedó establecido: Paraguay puede negociar mejores condiciones cuando existe voluntad política de ambos lados y presión interna suficiente.
La diferencia entre 2009 y 2026 es que hoy Paraguay tiene más cartas. La demanda eléctrica brasileña es más alta. La presión internacional por energías limpias es mayor. Y Paraguay ya no es el país que en 2009 era descrito como un exportador pasivo: tiene centros de datos, proyectos de inteligencia artificial y una incipiente industria que necesita energía barata para existir. Pero también tiene una vulnerabilidad nueva: las negociaciones están congeladas por un escándalo diplomático que ningún país quiere repetir.
Los tres escenarios
Hay tres desenlaces posibles para el Anexo C de Itaipú.
El primero es un acuerdo negociado. Paraguay aceptaría una tarifa menor a la actual —en el rango de 12 a 15 dólares por kilovatio-mes, según estimaciones de expertos citados por la prensa paraguaya— a cambio de mantener los programas de inversión social, garantizar el suministro para su propio consumo y conservar la libertad de vender excedentes en el mercado brasileño. Sería un ingreso menor al actual, pero predecible y sostenible. Este es el escenario más probable si se reanudan las negociaciones.
El segundo es la ausencia de acuerdo. La tarifa cae automáticamente al costo de producción. Paraguay pierde aproximadamente 600 millones de dólares al año. Los programas sociales que financia Itaipú —que representan una porción significativa del gasto en salud, educación e infraestructura— se quedan sin una fuente estable de financiamiento. ANDE, que ya opera con un déficit crónico por sus tarifas políticas, enfrenta un agujero adicional.
El tercero es el que casi nadie menciona pero que el crecimiento de la demanda vuelve cada vez más plausible: Paraguay deja de ser un exportador neto de energía. Si la demanda sigue creciendo al 8% anual y la red de transmisión se expande, en algún momento de la próxima década Paraguay va a necesitar toda su energía de Itaipú. En ese escenario, la negociación con Brasil cambia de naturaleza: Paraguay ya no discute cuánto le pagan, sino cuánta energía puede retener.
Lo que Paraguay debería hacer antes de 2027
Con las negociaciones congeladas y el reloj corriendo, Paraguay tiene tres prioridades que no dependen de lo que haga Brasil.
La primera es inversión en transmisión. El proyecto de la subestación Emboscada por 140 millones de dólares es un paso, pero se necesitan varios más. Sin líneas de 500 kilovoltios que conecten Itaipú con los centros de consumo, cualquier cantidad de energía que Paraguay obtenga en la negociación va a ser inútil. Es como tener una cuenta bancaria millonaria sin una tarjeta para sacar la plata.
La segunda es diversificar los ingresos que hoy dependen de Itaipú. Si el Anexo C colapsa y los ingresos caen un 60%, el Estado paraguayo necesita tener fuentes alternativas de financiamiento para los programas sociales que Itaipú sostiene. Eso implica una reforma tributaria que lleva décadas postergada.
La tercera es prepararse para el escenario de escasez. Si la demanda sigue creciendo, Paraguay va a necesitar más energía, no menos. Yacyretá —3.100 megavatios compartidos con Argentina— tiene su propio proceso de revisión. La energía solar y eólica son insignificantes en la matriz actual. El hidrógeno verde sigue siendo una promesa sin un solo proyecto concreto. La abundancia energética de Paraguay no es eterna: es una ventana que se está cerrando.
En 1973, cuando Paraguay y Brasil firmaron el Tratado de Itaipú, Paraguay era una dictadura militar gobernada por Alfredo Stroessner. En 2009, cuando Lugo y Lula negociaron la primera gran revisión, Paraguay era una democracia joven que recién aprendía a usar su energía como herramienta diplomática. En 2026, tiene centros de datos de inteligencia artificial, una alianza tecnológica con Taiwán y una demanda interna que crece más rápido que su capacidad de transmisión. El país que negocie el próximo Anexo C no es el mismo que firmó el anterior.
Leé el análisis completo sobre infraestructura y energía en la guía de inteligencia artificial en Paraguay.
Fuentes
- Wikipedia — Tratado de Itaipú — historia, estructura, Anexo C
- Wilson Center — “Brazil, Paraguay, and the Future of Itaipú” (2021)
- Última Hora — “Qué dice el nuevo acuerdo de Itaipú: los 7 puntos claves” (mayo 2024)
- La Nación — “Anexo C: Tratado debe mantener la misión de Itaipú como motor de desarrollo” (febrero 2025)
- El País — “Paraguay convoca al embajador de Brasil por un caso de espionaje” (abril 2025)
- Wikipedia — Itaipu Dam — datos técnicos, capacidad, generación
- New York Times — “In Paraguay, a Deal With Brazil Has the Energy to Transform” (julio 2009)
- The Economist — “Paraguay’s flourishing cryptomining industry” (julio 2024)