Hay un post que circula en redes sociales y que probablemente ya viste. Dice que Uber quemó todo su presupuesto anual de IA en cuatro meses. Que Microsoft está retirando licencias a sus propios ingenieros. Que Starbucks eliminó su sistema de inventario porque funcionaba peor que un empleado humano. Y que un vicepresidente de NVIDIA admitió que la IA cuesta más que los trabajadores que supuestamente reemplaza. El post termina con una pregunta: ¿estamos viendo el principio del fin de la burbuja de la IA?
El 20 de mayo de 2026, Santiago Peña firmó el Decreto 6034. Con esa firma, Paraguay habilitó por primera vez en su historia que empresas privadas generen, compren, vendan y exporten energía eléctrica de fuentes renovables no hidráulicas. La noticia ocupó titulares nacionales y fue calificada por analistas como un hito para el sector. Pero la historia completa es más compleja que un titular, y los detalles que no se dijeron esa noche son los que realmente importan.
Hay una idea que está girando en los círculos fintech paraguayos y que promete cambiar quién financia el campo, cómo se vende la cosecha y hasta quién puede ser dueño de un pedazo de tierra sin moverse de su casa. Se llama tokenización agropecuaria, y la noticia ya tiene título: “Paraguay abre las puertas para la tokenización del agro”, publicó ABC Color. Bruno Vaccotti, director de la Cámara Paraguaya de Fintech, hablaba de tokenizar ganado, granos y tierras. La Ley 7572/2025 del Mercado de Valores y Productos ya reconoce instrumentos emitidos en tecnología de registro distribuido — blockchain, para entendernos — y los reglamentos secundarios están en camino.
El 13 de mayo de 2026, un hombre de 58 años se sentó en una sala del Mburuvicha Róga, la residencia presidencial de Paraguay, frente a Santiago Peña. Peter Thiel no es un turista ni un filántropo. Es la persona número 100 más rica del planeta, cofundador de PayPal y Palantir, primer inversor externo de Facebook, dueño de Founders Fund, una de las firmas de capital de riesgo más poderosas de Silicon Valley. Llegó con Cully Cavness, cofundador de Crusoe AI, una empresa que convierte el gas quemado de los pozos petroleros en electricidad para centros de datos. El mensaje oficial fue que estaban “explorando Paraguay como sede para centros de datos de inteligencia artificial”.