La energía nuclear que Paraguay firmó con EE.UU. no es un reactor
Paraguay firmó con EE.UU. un memorándum de energía nuclear civil, no un Acuerdo 123. Qué incluye, qué no y por qué el primer reactor aún queda muy lejos.
Paraguay y Estados Unidos firmaron el 4 de agosto de 2026 un memorándum de entendimiento sobre cooperación nuclear civil. La noticia se leyó como el arranque de una era atómica. Pero lo firmado no es un acuerdo de construcción, ni de compra, ni de financiamiento: es una puerta. Y del otro lado hay una energía nuclear que todavía no ha probado ser rápida ni barata.
En resumen:
- El 4-ago-2026, Marco Rubio y el canciller Rubén Ramírez Lezcano firmaron un memorándum de entendimiento no vinculante. No es un Acuerdo 123, no transfiere tecnología ni dinero y no compromete proveedor, sitio, capacidad ni plazos.
- Los SMR —reactores de menos de 300 MWe— son la apuesta estadounidense. A septiembre de 2026 el único diseño certificado por la NRC es el de NuScale, y ninguno opera comercialmente en EE.UU.
- El proyecto insignia de NuScale se canceló en 2023 al escalar a US$ 20.139/kW, y las tres fases del OIEA para un país sin infraestructura nuclear suman 11 a 20 años.
- La nuclear no figura en el Plan Energético 2050 ni en el Plan Maestro de Generación de la ANDE 2024-2043: es una iniciativa de la ARRN, no del plan oficial del sector.
Qué firmó Paraguay con Estados Unidos
El instrumento se llama, con precisión, “Memorandum of Understanding Between the Government of the United States of America and the Government of the Republic of Paraguay Concerning Strategic Civil Nuclear Cooperation”. Lo firmó el Secretario de Estado Marco Rubio y, por Paraguay, el canciller Rubén Ramírez Lezcano. El vicepresidente Pedro Alliana acompañó la visita, pero no firmó.
El Departamento de Estado lo encuadra en su familia de NCMOU (Nuclear Cooperation Memoranda of Understanding), que su propia hoja informativa describe con una franqueza útil: son “instrumentos diplomáticos” no legalmente vinculantes, pensados para Estados que “aún no tienen un programa de energía nuclear pero lo están considerando activamente”, y que buscan “apoyar a la industria nuclear civil de EE.UU.” abriendo mercados a sus empresas. No permiten exportar materiales ni equipos: para eso se requiere un Acuerdo 123.
El Acuerdo 123 —así llamado por la Sección 123 de la ley de energía atómica estadounidense de 1954— es el instrumento vinculante que autoriza la transferencia física de tecnología y hardware nuclear. El MOU del 4 de agosto es un paso previo a ese acuerdo. El propio titular de la ARRN, Jorge Molina, lo dijo con claridad: el NCMOU “es un paso previo no vinculante, una declaración de interés político para trabajar en infraestructura y regulación”, y la plataforma para negociar el 123, que “sí es vinculante y autoriza la transferencia física de tecnología y hardware”. Ese Acuerdo 123 no está firmado. Tampoco existe un texto público del MOU: lo único verificable son los comunicados y lo que ambas cancillerías difundieron.
El MOU llegó al final de un recorrido: en diciembre de 2024 visitó Paraguay el director general del OIEA, Rafael Grossi; en 2025 Peña encargó a la ARRN un Plan Nacional de Energía Nuclear; y en 2026 ANDE y MOPC viajaron a Viena.
Los SMR: dónde está la tecnología (y dónde no)
La promesa que Paraguay abraza se llama SMR: reactores de menos de 300 MWe, diseñados para fabricarse en módulos y ensamblarse en serie. Por debajo de 10 MWe se habla de microreactores. La NRC de EE.UU. llama “SMR” sólo a los de agua ligera; a los demás los clasifica como “reactores avanzados”.
Los primeros SMR operativos del mundo no son estadounidenses. Son de Rusia —la planta flotante Akademik Lomonosov, 70 MWe, en operación comercial desde 2020— y de China —el HTR-PM de Shidaowan, 210 MWe, conectado a la red en diciembre de 2021—. En Estados Unidos, a septiembre de 2026, hay certificados y obras, pero cero megavatios comerciales en la red:
- NuScale es el único diseño certificado por la NRC (2023; la versión de 77 MWe se aprobó en mayo de 2025). No tiene ninguna planta operando.
- TerraPower (Natrium, 345 MWe) obtuvo en marzo de 2026 el permiso de construcción de su planta de demostración en Wyoming, un reactor de potencia no-LWR, y apunta a generar hacia 2030.
- Kairos Power (Hermes) tiene permiso de construcción para un reactor de prueba; Oklo (Aurora) avanza en un programa piloto del DOE, sin licencia de la NRC. Westinghouse (AP300), X-energy (Xe-100) y GE Hitachi (BWRX-300) siguen sin certificación de la NRC.
El costo y los plazos reales
El argumento central de los SMR es el costo, y el dato más duro lo desmiente. El primer gran proyecto SMR de EE.UU., el Carbon Free Power Project de NuScale en Idaho, se canceló en noviembre de 2023 después de que su presupuesto pasara de US$ 3.600 millones por 720 MWe (2020) a US$ 9.300 millones por sólo 462 MWe (2023). En pesos por kilovatio, unos US$ 20.139/kW, casi cinco veces la estimación original de la empresa. No es un caso aislado: Flamanville-3, en Francia, arrancó en 2024 con un costo seis veces mayor al estimado. El World Nuclear Industry Status Report 2025 lo resume sin diplomacia: no hay construcciones nucleares en Occidente, y los únicos países que hoy construyen su primer reactor —Bangladesh, Egipto y Turquía— lo hacen con obra rusa.
Los plazos siguen la misma lógica. La hoja de ruta del OIEA para un país nuevo divide el camino en tres fases —decisión informada (1-3 años), preparación del proyecto (3-7) y construcción (7-10)—, lo que da un total de 11 a 20 años. La autoridad de seguridad nuclear de Francia fijó, como referencia, un “mínimo de 15 años”, y la comisión nuclear de Noruega, en abril de 2026, estimó que “establecer producción nuclear llevaría al menos 20 años” —en un país rico, con red robusta y Estado fuerte—. Los casos documentados lo confirman: Barakah tardó 11,3 años desde el contrato; Egipto, unos 13; Bangladesh, unos 17 desde el memorándum de 2009. Ninguno es un SMR. La ARRN paraguaya habla de microreactores “en 5 años” y de SMR “en 10”: son proyecciones del regulador, no compromisos del memorándum.
“Memorándum” no es “reactor”: dos países lo demuestran
Filipinas tiene un Acuerdo 123 vigente con Estados Unidos desde julio de 2024, un paso mucho más avanzado que el MOU paraguayo. Y sigue sin obra. Su reactor de Bataan —621 MWe Westinghouse— se construyó entre 1976 y 1984 y nunca se cargó con combustible ni operó; se paralizó tras Chernóbil. En junio de 2026, el municipio de Morong se declaró zona no nuclear.
Ghana lleva 19 años de planes: anunció 400 MWe para 2018, después “no antes de 2030”, y llegó a 2026 sin una sola planta en construcción. Lo único que tiene es un reactor de investigación de 1994, que no genera electricidad. En ambos casos, el instrumento firmado habilita cooperación, pero no construye nada: el reactor lo construye un contrato EPC con miles de millones detrás, y ninguno existe para Paraguay.
Por qué Paraguay busca la energía nuclear ahora
El interés no es caprichoso. Paraguay tiene una matriz casi enteramente hidroeléctrica —99,998% renovable— y exporta cerca del 35% de lo que genera. Pero el excedente se agota: el consumo nacional llegó a 29.419 GWh en 2025 y crece a dos dígitos (12,5% en 2025, hasta 21% previsto para 2026). El régimen de grandes consumidores de ANDE —criptominería y data centers— ya reserva 943,8 MW en 41 empresas. Y hay un riesgo conocido: la sequía de 2019-2022 llevó al Paraná a su mínimo en 77 años y derrumbó la generación de Itaipú un 35,6%. Un sistema que depende de la lluvia quiere una fuente “firme”, y la nuclear se vende como tal.
Hay un detalle que ordena el debate: la nuclear no está en el plan oficial del sector. El Plan Energético Nacional al 2050 (Decreto 2553/2024) no incluye la energía nuclear entre sus subsectores. El Plan Maestro de Generación de la ANDE 2024-2043 prioriza solar con almacenamiento e hidro. Y el Decreto 6034 (mayo de 2026) habilitó seis fuentes renovables y ninguna es nuclear. La opción atómica es una iniciativa de la ARRN y del Ejecutivo: el proyecto de ley que crea el Ministerio de Energía, Minería e Hidrocarburos sí le asigna la energía nuclear a su Viceministerio de Energía.
Lo que falta (y lo que ya tiene)
Paraguay tiene un regulador nuclear: la ARRN, creada por la Ley 5169/2014. Puede dictar normas, licenciar y fiscalizar instalaciones, pero la ley le pone un límite explícito: la autorización de una central nucleoeléctrica —su emplazamiento, operación y clausura— “requerirá, en todos los casos, la autorización previa vinculante del Poder Ejecutivo”. Y la propia ARRN reconoce, en su presupuesto, que cuenta con “un reducido plantel de profesionales” y “limitado presupuesto”.
Lo que no tiene es una lista larga: una ley de energía nuclear específica (hoy no existe), un organismo regulador capaz de licenciar reactores de potencia, un programa de infraestructura nuclear bajo la metodología del OIEA, una generación de ingenieros y operadores formados (7 a 10 años), un proceso de siting y evaluación ambiental, un acuerdo de suministro de combustible y de gestión de residuos —que los SMR no resuelven, según un estudio de Stanford— y financiamiento por US$ 2.000 a 10.000 millones que la propia ANDE no tiene.
En cambio, sí tiene un historial de no proliferación impecable: es parte del Tratado de No Proliferación desde 1970 y del Tratado de Tlatelolco desde 1969; tiene salvaguardias amplias del OIEA (INFCIRC/279) vigentes desde 1979 y un Protocolo Adicional en vigor desde 2004. Ya cumple todo el paquete que Estados Unidos exige como condición declarada en sus memorándums. Lo que le falta para recibir tecnología real de Washington no son salvaguardias: es un Acuerdo 123, que tampoco es una promesa de reactor.
Conviene desactivar un dato antes de que se vuelva consigna: Molina afirma que hay uranio “económicamente viable” en Yuty y Coronel Oviedo, pero su propio plan prevé venderlo como commodity internacional: un reactor se alimenta con combustible enriquecido que provee el fabricante.
La pregunta abierta
El memorándum del 4 de agosto es una señal diplomática genuina y un requisito para el siguiente paso. No es, y conviene repetirlo, un reactor: la distancia es de una década larga, miles de millones de dólares y una legislación que no existe. Paraguay ya recorrió este camino una vez —en los años 60, con la CNEA y becarios del OIEA— y, según el relato de los protagonistas, lo abandonó cuando el acuerdo con Brasil de 1966 hizo innecesario diversificar. Esta vez el escenario es el inverso: el excedente se agota y la IA presiona la demanda. Pero el patrón del observatorio se repite —anuncio antes que obra—, y la energía nuclear es su versión más extrema: el anuncio no cuesta, y el reactor tarda décadas. Por ahora, lo único que existe es el papel.
Fuentes:
- U.S. State Department — Remarks: Secretary Rubio and Paraguayan Foreign Minister Ramírez Lezcano at the signing of a Memorandum of Understanding (4-ago-2026)
- U.S. State Department — Fact Sheet: Nuclear Cooperation Memoranda of Understanding (NCMOU), enero 2025
- U.S. State Department — Secretary Rubio’s Meeting with Paraguayan Vice President Alliana (4-ago-2026)
- ABC Color — “De la mano de EE.UU., se espera tener reactores nucleares dentro de 5 años” (9-ago-2026)
- La Nación — “La Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear proyecta alternativas para la matriz energética” (9-ago-2026)
- Última Hora (EFE) — “Exploración de uranio y uso pacífico: los detalles del pacto nuclear entre EE.UU. y Paraguay” (9-ago-2026)
- World Nuclear Association — Emerging Nuclear Energy Countries (actualizado 4-sep-2026)
- IEEFA — “Eye-popping new cost estimates released for NuScale small modular reactor” (11-ene-2023)
- E&E News / POLITICO — “NuScale cancels first-of-a-kind nuclear project as costs surge” (9-nov-2023)
- World Nuclear Industry Status Report 2025
- U.S. NRC — Advanced Reactors (actualizado 21-sep-2026)
- U.S. Department of Energy — NRC certifies NuScale’s uprated SMR design (30-may-2025)
- World Nuclear Association — Nuclear Power in the Philippines (actualizado 22-sep-2026)
- Wikipedia — Bataan Nuclear Power Plant (“completed but never fueled”)
- World Nuclear Association — Nuclear Power in Argentina (actualizado 31-jul-2026)
- BACN — Ley N° 5169/2014, que crea la Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear
- BACN — Ley N° 1081/1965, que crea la Comisión Nacional de Energía Atómica
- MOPC — Gobierno firma decreto para nueva Política Energética Nacional con visión al 2050 (Decreto 2553/2024)
- ANDE — Plan Maestro de Generación 2024-2043 (PDF)
- IAEA — Conclusion of Safeguards Agreements (status al 30-jun-2026)
- IAEA — Conclusion of Additional Protocols (status al 30-jun-2026)
- MEF — Presupuesto 2026 de la ARRN, eje “Desarrollo Nuclear y Soberanía Energética” (PDF)
- ABC Color — “Energía nuclear: una comitiva de ANDE y MOPC viajó a Viena en busca de una hoja de ruta” (6-jul-2026)
Metodología: Artículo elaborado con la investigación de agentes de búsqueda (§5.8) documentada en research_nuclear/, auditable paso a paso. Los datos de consumo, demanda y tarifas del sistema eléctrico se contrastaron contra la capa de datos verificables de ANDE (datospublicos.muchotexto.net). La distinción entre “memorándum” y “Acuerdo 123” se basa en la hoja informativa oficial del Departamento de Estado. Los plazos y costos de los SMR se citan con su fuente; las proyecciones de la ARRN se presentan explícitamente como proyecciones.
Artículo elaborado con la asistencia de inteligencia artificial y supervisado por el editor humano de muchotexto.net.
