Por qué Paraguay es el último país sudamericano que apuesta por Taiwán
El 8 de mayo de 2026, Santiago Peña y Lai Ching-te firmaron en Taiwán el memorándum de entendimiento de Yguazú Digital. En las fotos oficiales, los dos presidentes aparecen sonrientes. En las mesas de los agregados comerciales chinos en São Paulo y Buenos Aires, la noticia se leyó con otra expresión. Paraguay acababa de firmar un acuerdo de inteligencia artificial con el país que China considera una provincia rebelde, en un año en que perder aliados duele más que nunca para Pekín.
Paraguay es, desde 1957, el único país de Sudamérica que mantiene relaciones diplomáticas plenas con Taiwán. De los catorce países que reconocían a Taipei en 2016, quedan doce. De esos doce, Paraguay es el más grande y —desde que Honduras cambió de bando en 2023— el más estratégico. No lo es por su peso económico ni militar, sino por su ubicación geopolítica y por el recurso que tiene debajo de las represas: la energía más barata de Sudamérica, que Taiwán necesita para sus centros de datos de inteligencia artificial.
68 años de lealtad: qué une a Paraguay con Taiwán
La relación empezó en 1957, cuando Paraguay aún vivía bajo la dictadura de Alfredo Stroessner y Taiwán era gobernado por el Kuomintang. En casi siete décadas sobrevivió a transiciones democráticas en Paraguay, a la democratización de Taiwán y a la presión creciente de China sobre ambos. Sobrevivió porque, a diferencia de otros aliados de Taiwán, la relación no es solo diplomática: tiene contenido económico verificable y, desde 2026, un ancla tecnológica difícil de ignorar.
Taiwán es el segundo comprador de carne bovina paraguaya —25 millones de kilos, 151 millones de dólares solo en el primer semestre de 2025— y el primer comprador de carne porcina, con el 81% del mercado. En julio de 2025 entró en vigor un pacto de arancel cero para la carne de cerdo que le da a Paraguay una ventaja competitiva directa sobre cualquier otro exportador. La Agencia de Cooperación Internacional de Taiwán (ICDF) financia la Misión Técnica en Paraguay, que opera proyectos de acuicultura y agricultura. Taiwán está construyendo el Parque Tecnológico Inteligente en Ciudad del Este y la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay, cuyo nuevo campus abre en 2027.
Los préstamos taiwaneses a Paraguay superan los 400 millones de dólares. No son donaciones: son créditos para infraestructura, educación y tecnología, con condiciones más favorables que las del mercado y, sobre todo, sin las condiciones políticas que China suele imponer.
La ofensiva china: zanahorias, palos y un diplomático expulsado
En diciembre de 2024, Paraguay expulsó a Xu Wei, un diplomático chino que —según la denuncia oficial— ofreció acceso al mercado de carne bovina china a cambio de que Paraguay rompiera relaciones con Taiwán. La oferta no era pequeña: China es el mayor importador de carne del mundo, y Paraguay produce más de la que puede venderle a sus socios actuales. La expulsión fue una declaración de principios: Paraguay sabía lo que estaba rechazando.
Pero la presión china no terminó ahí. En marzo de 2024, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, contradijo públicamente una declaración de Peña sobre las exportaciones de soja paraguaya a China, generando un incidente diplomático. China importa oficialmente cero soja y cero carne de Paraguay, que es uno de los mayores productores mundiales de ambos productos. En total, Paraguay importa aproximadamente 6.000 millones de dólares anuales en productos chinos, mientras que sus exportaciones directas a China son cercanas a cero. El costo económico de mantener el reconocimiento a Taiwán se mide en miles de millones.
China ha desplegado su manual de seducción en la región. Diecinueve legisladores paraguayos y cinco periodistas realizaron viajes pagados a China en los últimos dos años para mostrarles las bondades del comercio bilateral.
Yguazú Digital: el ancla geopolítica
El proyecto Yguazú Digital es, al mismo tiempo, un proyecto de infraestructura tecnológica y una declaración geopolítica. Lo que hace único al acuerdo es su estructura: copia el modelo Itaipú, con una empresa binacional 50/50 entre Paraguay y Taiwán. No es una concesión ni un contrato de servicios: es una sociedad de capital compartido, la misma que Paraguay tiene con Brasil para su represa más importante.
El diseño no es casual. Al atar la suerte de Yguazú Digital a la relación bilateral, Paraguay le da a Taiwán una razón de peso para mantenerse comprometido con el país, y Taiwán le da a Paraguay un socio tecnológico que ningún otro aliado diplomático podría ofrecerle.
TSMC fabrica aproximadamente el 90% de los chips más avanzados del mundo. El 100% de los GPUs de NVIDIA que necesita cualquier centro de datos de inteligencia artificial —los H100, los B200— se fabrican en Taiwán. Si Paraguay quiere ser un hub de IA, los chips taiwaneses son un insumo no negociable. La relación con Taiwán no es solo diplomática: es la puerta de entrada a la cadena de suministro más crítica de la inteligencia artificial global.
El proyecto se enmarca dentro de Pax Silica, una iniciativa liderada por el Departamento de Estado de Estados Unidos que busca construir cadenas de suministro de tecnología “confiables” —es decir, que no pasen por China. La visita de Peter Thiel a Paraguay en mayo de 2026, coincidiendo con la firma del MOU, no fue casual: el cofundador de Palantir y Crusoe AI llegó con una agenda que conecta la inteligencia artificial con la geopolítica de los datos. En ese esquema, Paraguay y Taiwán ocupan lugares complementarios: Taiwán produce los chips, Paraguay aporta la energía limpia para procesarlos.
El costo de no elegir a China
Pero el costo existe. Los países que cambiaron de bando recibieron beneficios concretos y rápidos. Honduras, que en marzo de 2023 rompió relaciones con Taiwán y reconoció a China, recibió 275 millones de dólares en asistencia en el primer aniversario del acuerdo. Panamá (2017), El Salvador (2018), República Dominicana (2018) y Nicaragua (2021) también recibieron inversiones, préstamos y promesas de acceso al mercado chino.
Santiago Peña ha dicho públicamente que “cada uno de esos países está peor que Paraguay” después de cambiar de bando. Es una afirmación política difícil de verificar, pero revela la estrategia del gobierno: negar que el costo de mantener la relación con Taiwán sea mayor que el beneficio. Internamente, el Partido Colorado —que gobierna Paraguay desde 1887, con una breve interrupción entre 2008 y 2012— mantiene una posición mayoritariamente favorable a Taiwán. Un proyecto de ley en el Senado para abrir relaciones con China fue derrotado en 2020 por 25 votos contra 16.
Sin embargo, la presión de los exportadores agrícolas crece. La Cámara Paraguaya de Exportadores de Carne (CAPECA) y la Asociación Rural del Paraguay (ARP) han señalado públicamente que el acceso al mercado chino es la prioridad número uno del sector. Paraguay produce más carne de la que puede vender a sus mercados actuales. China es el único mercado con capacidad de absorber ese excedente al precio que los productores necesitan.
2027: el año en que todo se define
Tres procesos convergen en los próximos doce meses. La renegociación del Anexo C de Itaipú definirá cuánta energía le queda a Paraguay para sus propios proyectos. La primera fase de Yguazú Digital —la que procesará datos del gobierno paraguayo con chips taiwaneses— empezará a operar. Y las elecciones generales de 2028 pondrán a prueba si la próxima administración mantiene la alianza con Taiwán o sigue el camino de sus vecinos.
Lo que China ofrece a Paraguay es enorme: un mercado de 1.400 millones de consumidores para su carne y su soja. Lo que Taiwán ofrece es distinto, pero quizás más valioso para el país que Paraguay quiere ser: una alianza tecnológica que le permite —por primera vez— no ser solo un exportador de materias primas. Para que esa alianza funcione, Paraguay necesita algo más que chips y energía: necesita un marco legal de protección de datos que esté a la altura de los estándares internacionales, algo que la Ley 7593/2025 intenta proveer pero cuya implementación efectiva está por verse.
Paraguay va a tener que decidir, antes de lo que cualquiera de los dos lados quiere admitir, si prefiere el mercado o los chips. La decisión no es técnica: es política. Y va a definir no solo la relación con China y Taiwán, sino qué tipo de país quiere ser Paraguay en las próximas décadas: un exportador de alimentos que busca compradores, o un socio tecnológico que encontró un lugar en la cadena de suministro global de la inteligencia artificial.
Fuentes
- Reuters — “Paraguay stands by Taiwan as island’s last South American ally” (16 abril 2024)
- The Economist — “The lonely road: Paraguay holds out against China” (2 mayo 2024)
- New York Times — “China Is Winning in Latin America. One Country Is Holding Out.” (14 mayo 2025)
- ABC Color — “Paraguay expulsa a diplomático chino por interferencia” (5 diciembre 2024)
- Infobae — “La guerra fría entre China y Taiwán se pelea en Paraguay” (15 junio 2025)
- Asunción Times — “Taiwan and Paraguay sign landmark AI data center deal” (8 mayo 2026)
- CSIS — “The Geopolitics of Taiwan’s Semiconductor Dominance” (2024)
- Foreign Policy — “The Silicon Shield: Why Taiwan Matters for AI” (20 noviembre 2025)
- White House — “Pax Silica: Building Trusted Technology Supply Chains” (15 septiembre 2025)
- El País — “Taiwán y Paraguay: la alianza que desafía a China en Sudamérica” (10 julio 2025)