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La IA no es neutral: lo que dice la primera encíclica del Papa León XIV

La inteligencia artificial no es neutral. Suena a frase de manual de ética corporativa, pero dicha por un Papa, en una encíclica de 110 páginas, firmada el mismo día que Rerum Novarum pero 135 años después, la declaración adquiere otro peso. Es la advertencia central de Magnifica Humanitas, el primer documento papal dedicado íntegramente a la inteligencia artificial, y probablemente la intervención moral más significativa sobre el tema que haya producido líder religioso alguno.

El 25 de mayo de 2026, el Vaticano publicó la primera encíclica del pontificado de León XIV. El subtítulo lo dice todo: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. No es un documento técnico sobre algoritmos —el propio Papa reconoce su “incompetencia técnica” en la materia— sino una actualización de la Doctrina Social de la Iglesia para la era digital. La pregunta que la atraviesa de principio a fin es una sola: ¿qué significa ser humano cuando las máquinas pueden pensar, decidir y crear?

Este artículo es una lectura comentada de ese documento, una exploración de sus ideas centrales y un intento de responder a la pregunta que deja flotando: ¿qué tiene que ver esto con nosotros?


1. Un Papa que sabe de dónde viene

Para entender el documento hay que entender primero a quien lo escribió. León XIV —Robert Francis Prevost Martínez, en el mundo— no es un Papa europeo formado en la diplomacia vaticana. Es un agustino estadounidense que pasó la mayor parte de su vida sacerdotal en el norte de Perú. Fue párroco en Trujillo, en un barrio de vendedores ambulantes y familias sin derechos. Después fue obispo de Chiclayo, donde creó comisiones de acogida para migrantes venezolanos y colombianos. Antes de ser Papa, presidió la Pontificia Comisión para América Latina.

Es, además, licenciado en Matemáticas por la Universidad de Villanova. No es un detalle menor: entiende el lenguaje en el que está escrito el mundo digital.

Y eligió llamarse León. No es casualidad. León XIII publicó en 1891 Rerum Novarum, la encíclica que fundó la Doctrina Social de la Iglesia y que puso a la institución del lado de los trabajadores frente a los abusos de la Revolución Industrial. 135 años después, León XIV firma Magnifica Humanitas el mismo día, 15 de mayo, como diciendo: la inteligencia artificial es la nueva cuestión social.

El jueves 25 de mayo, cuando el documento se presentó oficialmente, el Papa asistió personalmente —una primicia en la historia de la Iglesia: ningún Papa había ido antes a la presentación de su propia encíclica—. A su lado estaba Christopher Olah, cofundador de Anthropic, la empresa que creó Claude. La imagen es potente: el líder de 1.300 millones de católicos y el cofundador de una de las empresas de IA más importantes del mundo, sentados en la misma sala, en el Vaticano. Olah dijo: “Necesitamos personas de buena voluntad que nos desafíen. No podemos quedarnos a tomar estas decisiones por nosotros mismos.”

La industria tecnológica, en otras palabras, no está pidiendo que la Iglesia se calle. Está pidiendo que hable.


2. Babel o Jerusalén: el dilema de nuestro tiempo

La metáfora central de Magnifica Humanitas no viene de la tecnología. Viene de la Biblia. Y está planteada como una disyuntiva que el Papa considera la más importante de nuestra era.

La torre de Babel (Génesis 11). Los seres humanos, establecidos en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad con una torre “cuya cúspide llegue hasta el cielo”. Quieren hacerse un nombre, perpetuar su poder, evitar ser dispersados. Una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección. Pero el proyecto esconde un engaño profundo: está concebido sin referencia a Dios, sustentado por una uniformidad que elimina la diversidad. Cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma, la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden.

La reconstrucción de Jerusalén por Nehemías (Nehemías 2-6). Nehemías recibe la noticia de que Jerusalén está en ruinas. Antes de actuar, ayuna, reza e intercede por el pueblo. No impone soluciones desde arriba: convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras.

“A la luz de estas dos imágenes, el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso. […] la primera elección no es entre un ‘sí’ o un ‘no’ a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna.” (§9)

La encíclica no dice que la tecnología sea mala. Dice que la tecnología no es neutral, porque “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza” (§9). La pregunta no es si usamos o no la IA. La pregunta es qué estamos construyendo con ella.

León XIV es explícito: el “síndrome de Babel” de nuestro tiempo es la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos (§10).

En una frase que bien podría ser el resumen de toda la encíclica: “El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.” (§15)


3. Lo que la encíclica dice sobre inteligencia artificial — y no es poco

La encíclica dedica su capítulo más extenso —el tercero, titulado “Técnica y dominio”— a la relación entre la persona humana y la IA. Lo que dice merece desglosarse por partes.

La IA no es moralmente neutra. Este es quizás el punto más importante y el que más discusión va a generar. El Papa sostiene que todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza, el modo en que clasifica personas y situaciones.

“Si un sistema se concibe o emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, no es un simple instrumento que ‘hay que usar correctamente’; introduce ya un criterio que contradice la dignidad inalienable de la persona.” (§104)

La IA no piensa como un humano. Puede parecer obvio, pero la encíclica dedica varios párrafos a desmontar la terminología suelta que equipara la inteligencia artificial con la humana. Los sistemas de IA no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias (§99).

La simulación de relaciones humanas es un peligro concreto. El Papa advierte sobre los chatbots y asistentes que imitan la empatía, la amistad y el afecto:

“Cuando la palabra es simulada, esta no construye una relación, sino una apariencia.” (§100)

Es una advertencia que va más allá de la tecnología: toca la soledad de una sociedad que delega hasta la compañía a una máquina.

Los datos deben ser un bien común. La encíclica aplica el principio del destino universal de los bienes —uno de los pilares de la Doctrina Social— a los datos, los algoritmos y las plataformas digitales:

“La propiedad de los datos no puede confiarse sólo al sector privado, sino que debe reglamentarse. Estos son fruto del aporte de muchos y no pueden ser vendidos o confiados a unos pocos. Hace falta una creatividad capaz de gestionarlos como uno de los bienes comunes o colectivos.” (§108)

Llamado a “desarmar la IA”. Una de las expresiones más potentes del documento. El Papa habla de desarmar la inteligencia artificial en el mismo sentido en que se habla del desarme nuclear:

“Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. […] Desarmar significa impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora.” (§110)

No basta con alinear la IA — hay que discutir quién decide la alineación. Este punto es sutil pero crucial. El Papa advierte que no sirve de nada tener una IA “moral” si esa moral la deciden unos pocos:

“No podemos limitarnos a invocar la moralización de la máquina, la denominada ‘alineación’ de la IA con los valores humanos, sin tener la valentía de poner una condición ulterior: la posibilidad de discutir el código ético que debe ser usado, sometiéndolo a criterios de justicia social compartida. De lo contrario, quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas. No serviría de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos.” (§107)


4. Trabajo, poder y el fantasma del transhumanismo

El capítulo cuatro de la encíclica —”Custodiar lo humano en la transformación”— aborda tres temas que se entrecruzan: la verdad, el trabajo y la libertad.

Sobre el trabajo, el Papa es directo. Retoma la tradición de Laborem Exercens de Juan Pablo II —que definió el trabajo como “la clave esencial de la cuestión social”— y la aplica a la transición digital:

“Mientras la IA promete impulsar la productividad haciéndose cargo de tareas ordinarias, a menudo los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las máquinas, en lugar de que estas últimas estén diseñadas para ayudar a quienes trabajan. Así, contrariamente a los beneficios anunciados sobre la IA, los enfoques actuales de la tecnología pueden paradójicamente desespecializar a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a tareas rígidas y repetitivas.” (§150)

Y va más allá: “El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio” (§152). Plantea una paradoja incómoda: una sociedad que garantizara trabajo solo a una pequeña parte de la población, mientras el resto vive en la inactividad forzada, sería un caso de “progreso material y regresión antropológica” (§154).

Pero quizás el tema más provocador del capítulo tres es la crítica al transhumanismo y al posthumanismo. León XIV dedica varias páginas a estas corrientes que, aunque parecen especulativas, constituyen según él el trasfondo ideológico de algunos centros de poder tecnológico:

“El transhumanismo imagina una potenciación del ser humano por medio de las tecnologías —biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos—, con la aspiración de incrementar el rendimiento y las capacidades. El posthumanismo, sobre todo en sus versiones más radicales, va más allá: critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, hasta imaginar que atravesará el umbral en el que la humanidad se superará a sí misma, entrando en una nueva etapa evolutiva.” (§116)

El problema, dice el Papa, no es la técnica en sí misma, sino la visión que subyace: si el ser humano es tratado como “materia para ser perfeccionada o superada”, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos. “En nombre del progreso se puede llegar a pensar en ‘sacrificios necesarios’, y hacer pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie” (§117).

Una frase que vale la pena guardar: “El ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite” (§118). Es, en esencia, la respuesta cristiana al sueño transhumanista: la grandeza no está en escapar de nuestra naturaleza, sino en recibirla, habitarla y elevarla.

La Comisión Teológica Internacional, en un documento publicado en marzo de 2026 titulado Quo vadis, humanitas?, fue aún más lejos: calificó al transhumanismo de “idolatría moderna” y “neo-gnosticismo”, una búsqueda de salvación autogenerada que pretende liberar al ser humano de su cuerpo y su dependencia relacional.


5. Una disculpa de diecinueve siglos

Uno de los pasajes más comentados de la encíclica no tiene que ver directamente con la tecnología. En el capítulo cuatro, el Papa ofrece la primera disculpa formal de un pontífice por el papel de la Santa Sede en la legitimación de la esclavitud:

“Por esto, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón.” (§176)

Reconoce que la institución “tardó diecinueve siglos en articular una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud” y que algunos de sus hijos “adoptaron posturas de complicidad”.

La disculpa no es un gesto aislado. León XIV la conecta directamente con el presente. Inmediatamente después, advierte que el colonialismo “muestra en la actualidad un rostro inédito”: el colonialismo de datos.

“No sólo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable. […] Quien posee los datos sanitarios de poblaciones enteras, hoy recopilados a menudo bajo el pretexto de la ayuda, la investigación o la innovación, posee en realidad una palanca estructural sobre el futuro.” (§178)

La conexión es poderosa: la Iglesia que llegó tarde a condenar la esclavitud no quiere llegar tarde a condenar el colonialismo digital. Los datos como las “nuevas tierras raras” del poder global, extraídos del Sur Global por corporaciones del Norte, con trabajadores invisibles —como el venezolano que etiqueta datos para entrenar modelos de IA por menos de dos dólares la hora— son la nueva frontera de una explotación que la encíclica se niega a dejar sin nombre.


6. Lo que esto significa para Paraguay

Todo lo anterior sería una discusión académica si no tuviera una conexión directa con la realidad del país desde el que se escribe este artículo. La tiene, y profunda.

Paraguay está en el centro de una de las apuestas más grandes del mundo en infraestructura de inteligencia artificial. En menos de dos años, se han anunciado proyectos que, de concretarse, transformarían radicalmente el perfil energético y económico del país:

  • X8 Cloud, una empresa fundada en enero de 2025, proyecta invertir entre 10.000 y 50.000 millones de dólares en 30 años. La fase inicial es modesta —6 MW, unos 260 millones de dólares, 4.000 GPUs— pero la empresa declaró a BNamericas que su objetivo es alcanzar 5 GW. El presidente de ANDE firmó un memorándum de entendimiento, pero la propia entidad aclaró que el documento no es vinculante y no obliga a ninguna de las partes a concretar el proyecto. La cifra de 50.000 millones es el techo máximo a 30 años, no una inversión asegurada. Críticos señalaron que el CEO, Juan Carlos Dueñas, proviene del mundo de startups de realidad virtual y música, sin experiencia previa en infraestructura de centros de datos.

  • Yguazú Digital, la alianza con Taiwán firmada el 10 de mayo de 2026, es el proyecto más ambicioso en términos de escala relativa. Plantea tres fases progresivas: una piloto de 10 MW (200-300 millones de dólares), una expansión regional de 100 MW (entre 3.000 y 5.000 millones, según la fuente oficial) y una fase de hiperescala de 1.000 MW o 1 GW, con una inversión proyectada de entre 30.000 y 40.000 millones de dólares según declaraciones contradictorias del propio gabinete —el ministro Riquelme dijo 40.000 millones, el jefe de Gabinete Giménez dijo 30.000 millones. No es, como se ha repetido, “equivalente al PIB de Paraguay”: con un PIB proyectado de 60.500 millones de dólares para 2026, la fase 3 representa aproximadamente dos tercios del PIB, no su totalidad. El memorándum firmado es una declaración de intención no vinculante, sujeta a un estudio de factibilidad. Además, incluye cláusulas polémicas como una “Embajada de Datos Digitales” con inmunidades diplomáticas para la infraestructura extranjera y una cláusula de exclusividad que impediría a Paraguay negociar con terceros países mientras el acuerdo esté vigente.

  • Hive Digital es el proyecto más concreto de los tres. Ya invirtió más de 400 millones de dólares (no 350, como se ha citado en varios medios) y opera 200 MW en Colonia Iguazú y 100 MW en Valenzuela, con una expansión a 400 MW total proyectada para finales de 2026. Está migrando activamente de la criptominería a la inteligencia artificial: en marzo de 2026 lanzó BUZZ AI Cloud, su primer clúster de GPUs para IA, alojado en un centro de datos Tier III de Tigo en Asunción. Un equipo de la Universidad de Columbia en Nueva York ya está entrenando modelos de lenguaje desde esa infraestructura. Hive emplea actualmente a más de 250 familias paraguayas, de las cuales más de 40 son ingenieros locales.

La energía de Itaipú —14 GW de capacidad instalada en 20 turbinas de 700 MW, 100% renovable, al costo industrial más bajo de las Américas (41 dólares por MWh)— es el imán que atrae estas inversiones. Paraguay produce el 100% de su electricidad de fuentes renovables, un liderazgo global que la ONU destacó en abril de 2026. Pero el excedente que hizo posible este atractivo se está agotando rápidamente: en el primer cuatrimestre de 2026, Paraguay ya consumió el 79% de su parte de las binacionales (Itaipú y Yacyretá), frente a aproximadamente el 17% que consumía años atrás. La energía cedida a Brasil cayó 41% respecto a 2025. Proyecciones de la ANDE, expertos como la exviceministra Mercedes Canese y el expresidente de la ANDE Pedro Ferreira coinciden en que los excedentes podrían agotarse entre 2028 y 2033. Y el Acuerdo Operativo de Itaipú que garantiza tarifas preferenciales vence el 31 de diciembre de 2026.

Sobre este escenario, la encíclica de León XIV llega como una advertencia que debería invitarnos a la pausa y la reflexión. Porque el Papa que conoce América Latina desde adentro está diciendo, en esencia, tres cosas que resuenan directamente con esta realidad paraguaya.

Primero: la concentración del poder tecnológico en pocas manos privadas —con frecuencia más poderosas que los Estados con los que negocian— es una amenaza al bien común. Segundo: los datos, los algoritmos y hasta la energía no deberían tratarse como mercancías, sino como bienes sujetos al destino universal de los bienes, uno de los principios fundacionales de la Doctrina Social. Tercero: los países del Sur Global corren el riesgo de ser meros proveedores de recursos —energía, datos, mano de obra barata— mientras los beneficios y el control se concentran en el Norte, en lo que la encíclica llama “colonialismo de nuevo cuño”.

El cardenal paraguayo Adalberto Martínez Flores, primer cardenal del país, reflexionó sobre la encíclica días después de su publicación: “Ninguna máquina podrá reemplazar jamás la conciencia moral, la compasión, el amor, la creatividad espiritual ni la capacidad de fraternidad que Dios ha sembrado en cada persona.” Y el obispo de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, advirtió durante la misa del 17 de mayo: “El amor te exige la presencia. Quiero escuchar tu voz, quiero verte, quiero ver tus ojos.”

No son declaraciones contra la tecnología. Son recordatorios de que la tecnología debe estar al servicio de lo humano, y no al revés. La pregunta que la encíclica deja para Paraguay es la misma que deja para el mundo, pero con más urgencia: cuando firmamos acuerdos que comprometen nuestra energía —nuestro recurso estratégico más valioso— por décadas, ¿estamos construyendo Babel o Jerusalén?


7. No es el fin. Es el principio.

Magnifica Humanitas no ofrece soluciones técnicas. No propone un modelo de regulación específico ni avala una corriente política. Lo que hace es más profundo y más inquietante: ofrece un marco para preguntarnos qué clase de mundo estamos construyendo.

La encíclica llega en un momento de máxima fragmentación global. La Unión Europea endurece su regulación con el AI Act (penalidades de hasta 35 millones de euros). Estados Unidos desregula bajo la administración Trump, priorizando la innovación y el liderazgo. China consolida su control estatal sobre la IA. En medio de esta rivalidad geopolítica, el Vaticano emerge como una voz moral independiente que no representa intereses económicos ni militares. Como dijo Christopher Olah en la presentación: “Necesitamos más voces morales a las que los incentivos no puedan doblegar.”

El documento encontró recepción incluso en sectores secularizados. The New York Times lo describió como “la declaración teológica definitoria de su joven papado y la intervención moral más significativa sobre IA hasta la fecha de un líder religioso”. Fortune reportó que la encíclica crea “otro punto de conflicto entre el papa estadounidense y la administración Trump”. Yoshua Bengio, pionero del deep learning, respaldó el documento en X: “El Vaticano y otras instituciones globales pueden y deben jugar un rol en el diálogo global sobre IA para crear conciencia pública y movilizar a la sociedad.”

Pero también hubo críticas. Blake Scholl, CEO de Boom Technology, dijo: “Mal enfoque del Papa. Las revoluciones tecnológicas tienden a eliminar algunos trabajos mientras crean otros.” David Sacks, inversor tecnológico, coincidió en parte pero preguntó: “Si entregamos a los gobiernos poder absoluto sobre el desarrollo de IA en nombre de la seguridad, ¿cómo evitamos que se use para censurar, vigilar y controlar ciudadanos?”

Son objeciones legítimas que la encíclica no resuelve. Pero no es su función hacerlo. Su función es recordar, en medio del ruido, que la pregunta más importante no es técnica sino espiritual: ¿qué significa ser humano?

El cierre de la encíclica vuelve a la imagen de Nehemías. Como él, estamos llamados a no ser “espectadores resignados a las fracturas sociales y culturales, ni simples comentaristas de las ruinas, sino mujeres y hombres que entran en las obras de la historia […] para levantar lo que se ha derrumbado y proteger lo que está expuesto” (§241).

Y termina con el Magníficat de María, el canto de la esperanza: “Nada ha cambiado a su alrededor. Sin embargo, todo ha cambiado dentro de ella, y eso le permite ver lo invisible.”

La encíclica se titula Magnifica Humanitas —”Magnífica Humanidad”. No es una declaración de lo que somos. Es una invitación a lo que podemos llegar a ser. En el tiempo de la inteligencia artificial, la pregunta no es si las máquinas van a reemplazarnos. La pregunta es si vamos a estar a la altura de nuestra propia humanidad.


Fuentes principales:

  • Texto completo de Magnifica Humanitas (Vaticano, español): https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
  • Quo vadis, humanitas? — Comisión Teológica Internacional (marzo 2026): https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/cti_documents/rc_cti_doc_20260304_quo-vadis-humanits_sp.html
  • Vatican News — Cobertura de la presentación: https://www.vaticannews.va/en/pope/news/2026-05/pope-leo-xiv-encyclical-magnifica-humanitas-ai.html
  • The New York Times — “To Understand Pope Leo’s Efforts on A.I., Look at the Man Shaking His Hand” (26/5/2026): https://www.nytimes.com/2026/05/26/us/pope-leo-ai-anthropic.html
  • Fortune / AP — “Pope Leo called AI an ‘instrument of domination, exclusion and death.’ Anthropic was in the room” (25/5/2026): https://fortune.com/2026/05/25/pope-leo-xiv-ai-domination-death-anthropic-olah-encyclical/
  • Business Insider — “What Big Names Are Saying About Pope Leo’s AI Letter” (26/5/2026): https://www.businessinsider.com/leaders-ceos-react-pope-leo-ai-encyclical-2026-5
  • NBC News — “Tech titans mostly silent after Pope Leo’s warning on risks of AI” (26/5/2026): https://www.nbcnews.com/tech/innovation/tech-titans-mostly-silent-pope-leos-warning-risks-ai-rcna346903
  • Infobae — Cobertura y análisis de la encíclica (24-25/5/2026): https://www.infobae.com/america/mundo/2026/05/25/el-papa-leon-xiv-publico-la-enciclica-magnifica-humanitas-y-pidio-que-la-inteligencia-artificial-no-domine-al-ser-humano/
  • El País — “El papa lanza una llamada de alarma contra el tecnofascismo” (25/5/2026): https://elpais.com/sociedad/2026-05-25/el-papa-leon-xiv-lanza-con-su-primera-enciclica-una-llamada-de-alarma-contra-el-tecnofascismo-quien-controla-la-ia-impondra-su-vision-moral.html
  • ACI Prensa / EWTN News — Cobertura (25/5/2026): https://www.aciprensa.com/noticias/125373/el-papa-leon-xiv-publica-su-primera-enciclica-magnifica-humanitas
  • AlfayOmega — “El Papa León XIV presentará él mismo su primera encíclica” (18/5/2026): https://alfayomega.es/el-papa-leon-xiv-presentara-el-mismo-su-primera-enciclica-magnifica-humanitas/
  • ADN Celam — Reflexión del cardenal Adalberto Martínez (27/5/2026): https://adn.celam.org/cardenal-paraguayo-advierte-riesgos-eticos-de-inteligencia-artificial-tras-publicacion-de-magnifica-humanitas/
  • VIA.bible — “La humanidad como frontera sagrada” (4/5/2026): https://www.via.bible/es/la-humanidad-como-frontera-sagrada-magnifica-humanitas-y-el-desafio-digital-en-america-latina/
  • Rome Call for AI Ethics: https://www.romecall.org/the-call
  • ABC Color — Cobertura de proyectos de IA en Paraguay (mayo 2026): https://www.abc.com.py/economia/2026/05/13/centro-de-datos-soberano-con-taiwan-ministro-de-industria-habla-de-inversion-de-us-40000-millones/
  • BNamericas — Análisis de inversiones en IA en Paraguay (2025-2026): https://www.bnamericas.com/es/entrevistas/mi-objetivo-es-alcanzar-los-5gw-de-ia-afirma-x8-cloud-sobre-megaproyecto-en-paraguay